Las jornadas de movilización del 8 y 10 de octubre han marcado un punto de inflexión ineludible. Frente a la profundización del modelo de ajuste, la crisis de seguridad, la emergencia energética y el avance del extractivismo acelerado promovidos por el gobierno de Daniel Noboa, la izquierda sociopolítica se encuentra ante el imperativo histórico de redefinir sus tácticas para consolidarse como una verdadera alternativa de poder.
Las protestas, impulsadas con especial fuerza por la juventud estudiantil, superaron la mera resistencia ante los decretos ejecutivos y la represión estatal. Estas acciones han puesto en evidencia la existencia de un núcleo altamente politizado que marca la agenda en la calle y empuja la unidad del campo popular, contrastando frontalmente con el cálculo electoralista de sectores políticos tradicionales que prefieren la pasividad antes que confrontar el modelo antipopular.
Aunque las encuestas proyecten un escenario volátil, la viabilidad de la izquierda no depende de cifras fijas, sino del desgaste acelerado del régimen de Noboa. Un modelo económico que carece de respuestas a las demandas sociales y que se sostiene en el endeudamiento, el recorte al gasto público y la presión tributaria sobre las familias trabajadoras, solo alimenta el descontento popular y reactiva la protesta masiva.
En esta correlación de fuerzas, la Revolución Ciudadana constituye un actor necesario. Sin embargo, la división interna entre un ala pragmática dispuesta a pactar gobernabilidad en la Asamblea Nacional y otra de firme oposición al gobierno, exige a la izquierda ampliar articulaciones con los movimientos sociales sin ceder el programa político. Un proyecto de país soberano que sustente un plan inmediato indispensable para derogar de manera directa las reformas laborales precarizadoras; frenar la privatización de los bienes públicos y servicios estratégicos; y detener la expansión minera en zonas hídricas y ambientalmente sensibles.
Asimismo, la coyuntura nacional no puede aislarse de la injerencia geopolítica de Estados Unidos ni del avance de la extrema derecha regional. Es urgente vincular la falta de empleo e inseguridad con una postura soberana contra el extractivismo y el alineamiento subordinado. La disputa por el poder no puede agotarse en llegar a Carondelet. Hoy es urgente lograr victorias en los gobiernos locales para ganar poder popular desde las bases. Hay que articular la gestión territorial a escala nacional para masificar la presencia militante y responder a las necesidades cotidianas del pueblo.
