viernes, 28 de agosto de 2026

Poder, democracia y unidad popular

“El gobierno es más efectivo en reducir a la oposición política que en combatir a la criminalidad organizada” Juanita Goebertus

Quienes asumimos el ejercicio de la opinión como un compromiso irrenunciable con la defensa de la democracia, el Estado de derecho y la transparencia, no podemos ser simples espectadores ante la progresiva degradación de las garantías institucionales que sustentan la convivencia democrática.

El gobierno, incapaz de consolidar una base de apoyo mediante propuestas efectivas para solucionar los grandes problemas nacionales, ha inclinado la balanza al uso de los organismos de control y de la administración electoral para alterar la contienda antes de llegar a las urnas. La inhabilitación de candidaturas de oposición, las cortapisas a movimientos políticos y el uso arbitrario de la justicia no solo debilita la legitimidad del sistema de partidos, sino que menoscaban el derecho fundamental de la ciudadanía a elegir libremente.

Esta dinámica de confrontación institucional sumada a las recetas de ajuste fiscal, las reformas precarizadoras y la presión sobre los sectores más vulnerables generan un malestar social latente que no puede ser ignorado ni acallado con decretos. La historia reciente demuestra que la imposición económica sin diálogo social es la antesala de estallidos de protesta cuyos costos, humanos y democráticos, terminan siendo asumidos por los sectores populares.

Juanita Goebertus, directora de Human Rights para las Américas manifestó que le “impresiona cómo el gobierno parece estar siendo más efectivo en reducir a la oposición política y a las organizaciones de la sociedad civil, dejando muy tranquila a la criminalidad organizada que sigue avanzando en el territorio.”

Resulta preocupante que el aparato estatal despliegue una rigurosidad implacable para cercar la actividad política de la oposición y monitorear el trabajo de las organizaciones sociales –incluso acusándolas del lavado de activos–, mientras la ciudadanía demanda una respuesta más contundente, estructurada y efectiva frente al avance del crimen organizado y la violencia cotidiana.

La vigencia de una sociedad democrática no se mide únicamente por la realización de elecciones, sino por la calidad de sus garantías, el respeto a la pluralidad política y el equilibrio de poderes. Defender la democracia implica exigir que el CNE actúe con absoluta imparcialidad, que las reglas no se adapten a la conveniencia del gobernante de turno, sino que sea el pueblo, en ejercicio pleno de su soberanía, quien decida el destino del país. La democracia no es una dádiva concedida desde Carondelet, es un derecho que se ejerce y defiende con participación ciudadana y unidad popular.

viernes, 21 de agosto de 2026

Gobierno sordo ante el llanto que habita en las esquinas

En las esquinas de nuestras ciudades es común presenciar escenas impactantes que reflejan una problemática desatendida. Niños pequeños descansan en las aceras mientras madres y abuelas con bebés en brazos intentan vender algo para subsistir. Asimismo, jóvenes realizan malabares frente a los semáforos esperando obtener algunas monedas. Más penoso es ver a niños vendiendo confites, niños que por su edad deberían estar en las aulas y no enfrentando la indolencia del Estado.

Aquel encuentro despierta un torbellino de interrogantes que la conciencia colectiva suele esquivar. ¿Dónde están los padres? ¿Es un apoyo puntual o la cruel rutina de una familia acorralada por la miseria? ¿Quién está mirando realmente?

El problema excede la responsabilidad individual del hogar. La escuela va más allá de impartir contenidos académicos; constituye la primera línea de contención social, un refugio donde la infancia encuentra protección y oportunidades reales frente a la desidia gubernamental. Por otro lado, la legislación ecuatoriana y el Código Orgánico de la Niñez y Adolescencia pregonan un Sistema de Protección Integral, diseñado para prevenir la vulneración de derechos, erradicar el trabajo infantil y movilizar a instituciones como el MIES, la Defensoría del Pueblo o las Juntas Cantonales de Protección.

Sin embargo, la burocracia dista de la realidad territorial. ¿Quién ve a esos niños? ¿Quién interviene cuando la protección estatal es una utopía? Si la madre se encuentra sola, sin ingresos dignos ni empleo formal dentro de un modelo socioeconómico precarizador, la supervivencia aplasta la infancia. ¿Qué ocurre cuando los mecanismos de asistencia no llegan o sencillamente no existen para las familias desposeídas?

No es un caso aislado. Es la estampa recurrente de niños que venden dulces en el transporte público o en las esquinas porque el padre está privado de libertad y el hogar carece de subsidios reales. La solidaridad comunitaria, como el gesto de quien compra el producto para regalarlo de vuelta al infante y sugerirle volver a casa, es un parche noble, pero insuficiente ante el abandono estructural.

El verdadero peligro radica cuando la precarización de la niñez deja de generar indignación política y se asimila como una postal urbana. Más allá de discursos oficiales y leyes archivadas, la pregunta de fondo permanece: ¿en qué momento dejamos que el gobierno institucionalice la explotación y necesidad infantil mientras mostramos un conformismo inhumano ante esta flagrante señal de alarma social?


jueves, 20 de agosto de 2026

Rubén Ortega Jaramillo, entre la balanza de la justicia y el pulso de las letras.

El Dr. Rubén Ortega Jaramillo, entre la balanza de la justicia y el pulso de las letras.

Hombre, sobrio, culto, humanista, generoso y comprometido con la dignidad de su tierra.

Nacido en el seno de una cuna ilustrada, su andar trazó un camino donde la ley no fue mera letra fría, sino un instrumento de equidad. En el ámbito judicial, su figura encarnó el rigor, la templanza y el apego irrestricto a la verdad.

Jamás descuidó el latido de su ciudad. En los años 1970 y 1974, como Alcalde de Loja, tradujo la vocación de servicio en obra tangible, impulsando una gestión que priorizó el bienestar colectivo y el desarrollo institucional. Como catedrático universitario, de viva voz contribuyo a la formación de generaciones de juristas bajo el imperativo de la ética.

Con la paciencia franciscana y el celo del historiador, escudriñó los archivos para rescatar del olvido las raigambres y el patrimonio de la ciudad, fue el cronista, que le devolvió a Loja el brillo de su propia identidad.

Hoy, la urbe que lo vio nacer y a la que sirvió, rinde justo homenaje póstumo a un ciudadano ilustre cuya huella perdurará como un legado imborrable en el corazón de los lojanos.

viernes, 14 de agosto de 2026

Ni la farsa electoral ni el terror de Estado someterán la dignidad del pueblo

La crisis institucional y política que atraviesa hoy el Ecuador no constituye un hecho aislado ni una simple anomalía coyuntural; representa la confirmación palpable de la verdadera naturaleza del régimen actual. Bajo la figura de Daniel Noboa presenciamos la consolidación descarada de una dictadura de clase que utiliza causas judiciales inventadas, proscribe a partidos de la oposición y acusa de terrorismo a la dirigencia popular para salvaguardar los privilegios de una oligarquía servil y subordinada a los mandatos de Washington.

Esta fachada de "democracia burguesa" solo busca adormecer las conciencias, promoviendo una alienación sistemática basada en el consumo mientras sepulta la dignidad de las mayorías. A los sectores más vulnerables se pretende hacerles creer que las instituciones vigentes velan por sus necesidades, cuando en realidad lo determinante es la lógica de la explotación y la acumulación del capital a costa del hambre popular. En esta maquinaria destructiva, con bonos a la juventud se le arrebata la capacidad rebelde; mientras la vejez es condenada al desamparo en materia de salud.

Para sostener este engaño estructural, el poder cuenta con economistas serviles que justifican el despojo para enriquecer a parásitos ociosos, analistas y periodistas alineados al relato oficial, y una burocracia nefasta que bendice las inequidades. No obstante, cuando la mentira mediática y la manipulación resultan insuficientes para frenar el descontento social, el gobierno se quita su careta decorativa y muestra su auténtico rostro oligárquico a través del uso ilegítimo de las fuerzas represivas.

El adelantamiento sospechoso de comicios, ilegalización de la oposición, hostigamiento a liderazgos indígenas y autoridades locales, y la abierta injerencia sobre los órganos constitucionales evidencian la fragilidad política de un gobierno sin legitimidad popular. La doctrina militar impuesta desde la “Casa Blanca” tilda de narcoterrorista a la protesta organizada para justificar ejecuciones, violaciones de la soberanía y una persecución incansable focalizada en la juventud y los sectores empobrecidos.

Ante esta barbarie institucionalizada, no cabe ninguna ilusión ni pacto con el sistema represivo. La democracia burguesa no es más que el disfraz técnico del despojo y la desigualdad social. La respuesta debe articularse desde la organización, la unidad popular, la dignidad histórica de las clases trabajadoras y la resistencia firme en las calles, donde verdaderamente se construye la soberanía, la justicia y la emancipación de nuestro pueblo frente a la opresión del capital.

viernes, 7 de agosto de 2026

El Ecuador plurinacional frente al saqueo privatizador de la oligarquía

Al escuchar las noticias de cada mañana, parecería que existe un solo Ecuador; pero parafraseando la obra “Vosotros tenéis vuestro Líbano y yo tengo el mío” de Gibran Kahlil, en realidad convivimos en dos países.

Vosotros tenéis vuestro Ecuador... y yo tengo el mío. El vuestro es el Ecuador de las tribunas, de los directorios bancarios, de las disputas de paso y los fríos cálculos políticos de una burguesía insaciable. El mío es el Ecuador natural en toda su belleza: desde las aguas del Pacífico hasta los ríos profundos de la Amazonía, pasando por el abrazo rebelde de la cordillera.

Vosotros tenéis vuestro Ecuador con sus programas del Fondo Monetario Internacional, sus promesas incumplidas, sus privilegios de cuna y sus repartos de la riqueza nacional; yo tengo el mío con sus sueños intactos, sus mingas comunitarias, sus sindicatos insurgentes y sus esperanzas sembradas con sudor en la tierra.

Vuestro Ecuador es un enmarañado nudo de crisis que la codicia intenta profundizar. Un mapa atrapado en titulares internacionales, saqueado por los intereses del capital transnacional y desgarrado por la violencia que nace de las desigualdades sociales. Vuestro Ecuador es una mezquina partida de ajedrez entre los centros de poder oligárquico y los espejismos del oportunismo neoliberal.

Mi Ecuador... mi Ecuador es el agricultor que reclina la cabeza tras la dura jornada a la sombra majestuosa del cerro o la montaña, exigiendo precio justo para su cosecha. Mi Ecuador es la madre trabajadora que teje el futuro en la frialdad del páramo, el artesano que moldea la identidad popular con sus manos curtidas, el desempleado que madruga a buscar el pan diario sin más amparo que su propia dignidad.

Vosotros tenéis el Ecuador de las privatizaciones, de la evasión fiscal y del odio de clase disfrazado de civismo. Yo tengo el Ecuador del pueblo plurinacional, de los estudiantes que llenan las calles defendiendo la universidad pública, de los obreros que construyen los cimientos de la patria sin recibir jamás el fruto entero de su trabajo.

Vosotros tenéis el Ecuador de las oligarquías y la burocracia, que se creen poderosas e iluminadas, pero se muestran débiles y sumisas ante el imperialismo. Yo tengo el Ecuador que con la dignidad heroica de quienes aman a la Patria luchan por trabajo digno, seguridad y por transformar la historia.