viernes, 22 de mayo de 2026

A propósito de la “rendición de cuentas”: entre el show y el abandono

 

Ecuador atraviesa una crisis multidimensional donde la política ha mutado en un espectáculo de distracciones en tanto la realidad social se desmorona. Desde la esfera nacional hasta los gobiernos locales, la gestión pública se ha reducido a una puesta en escena mediática que prioriza las encuestas sobre el bienestar humano. El presidente Noboa ejemplifica esta tendencia, mientras la salud, la educación y la seguridad se agudizan, el Ejecutivo hace poco encabezó el allanamiento a CNEL-EP –entidad que él mismo preside–, en una especie acto circense utilizando recursos estatales para simular un control que no existe. Este enfoque no resuelve problemas estructurales; por el contrario, desplaza la violencia a zonas antes pacíficas y abandona al pueblo a la precariedad.

Esta desconexión nacional se replica con cinismo en nuestra provincia y cantón. La rendición de cuentas, mandato constitucional de transparencia, se ha degradado a un “show de variedades” coreografiado. Desde la prefectura, se suele presentar cifras infladas y coloridas para ocultar un agro que se muere de sed. Los sistemas de riego son fantasmas y los puentes “provisionales” cumplen décadas mientras el presupuesto se diluye en publicidad o beneficia a su “panas”. Es un insulto hablar de gestión desde la comodidad de un escritorio cuando el lodo sigue atrapando los sueños de nuestros agricultores por falta de voluntad técnica y transparencia ambiental.

En el ámbito cantonal, la situación es igualmente desoladora. La alcaldesa encargada y una mayoría de concejales actúan como un bloque de obediencia ciega, aprobando y desaprobando alzas de pasajes urbanos con un servicio paupérrimo. Mientras tanto, la ciudad colapsa; bajo el “cuento” de las baldosas de la regeneración urbana, el alcantarillado y el agua potable fallan sistemáticamente. Los concejales con una que otra excepción, mantienen un silencio ensordecedor que los convierte en coautores del estancamiento.

La rendición de cuentas no debe ser un monólogo para aplausos contratados, sino una explicación honesta de por qué, con tanto dinero, seguimos estancados en las carencias de hace veinte años. Cuando las autoridades priorizan monumentos y fiestas sobre el bienestar básico, la política deja de ser servicio para ser vanidad. Es hora de exigir que dejen de vernos la cara; la verdadera rendición de cuentas se rinde en el territorio, y hoy, el saldo de todos ellos sigue en rojo.

viernes, 15 de mayo de 2026

Loja: Una administración municipal que olvidó a su gente

El reordenamiento del comercio informal genera conflictos en Loja – Diario 

La realidad de Loja hoy no se mide en discursos oficiales, sino en el golpe seco de los neumáticos contra el asfalto destruido y en el silencio cómplice de un cabildo que parece gobernar de espaldas a la periferia. La gestión municipal ha transitado por un camino de abandono sistemático que hoy asfixia al cantón.

La infraestructura vial es el síntoma más visible de una desatención crónica. Mientras el Departamento de Obras Públicas exhibe una ejecución raquítica, los barrios periféricos y las parroquias rurales se hunden en el lodo y el olvido. A esto se suma una gestión marcada por la falta de transparencia, donde lo único "visible" son las sombras de la corrupción y una atención territorial profundamente desigual que privilegia el centro sobre la periferia.

La seguridad ciudadana ha claudicado. Los alrededores de mercados y plazas, antes espacios de encuentro, son hoy zonas de riesgo. Esta desidia se extiende al control del comercio informal; los domingos en el mercado Gran Colombia son una muestra de caos y falta de autoridad que avergüenza a la "Capital Musical". En medio de este desorden, los servicios básicos son otra decepción: cortes de agua potable, alcantarillado colapsado y una recolección de basura deficiente, todo esto mientras el ciudadano es castigado con un alza de impuestos y un incremento apresurado de 10 centavos al pasaje urbano sin un verdadero análisis técnico. Esta última medida, aprobada por una mayoría afín al empresariado, es una bofetada al pueblo que sigue soportando un servicio pésimo y rutas incompletas. Exceptuando el sistema de educación municipal, la ciudad se desmorona entre parques deteriorados y una atención nula a grupos vulnerables.

Aún seguidos pagando valores por la regeneración urbana, pero para revertir este declive, lo que realmente necesitamos, es una regeneración institucional, donde los ediles y administradores busquen una salida al caos vial y de servicios. El municipio debería apoyar a los Gad`s parroquiales creando unidades técnicas autónomas, dotándolas de maquinaria y personal para que el mantenimiento no dependa de la burocracia central.

Finalmente, los ediles deben trabajar en una Reforma Integral del Transporte y Comercio, que supedite cualquier alza de tarifas a indicadores de calidad auditables y que ofrezca mercados dignos para el comercio autónomo. Loja necesita una administración que entienda que gobernar es, ante todo, servir con honestidad y eficacia.

 

domingo, 10 de mayo de 2026

El legado emancipador del Mayo francés de 1968

El Mayo francés de 1968 no fue un estallido espontáneo de rebeldía juvenil, sino una ofensiva estratégica contra la estructura misma del capital. En París, la “grieta abierta” desnudó la fragilidad de un sistema que, bajo el barniz de la estabilidad de posguerra, sostenía su hegemonía mediante el autoritarismo y la disciplina fabril. Fue la impugnación radical de un modelo que pretendía reducir la existencia humana al ciclo alienante de producción y consumo. Aquella revuelta marcó el fin de la pasividad social.

 

La chispa en la Sorbona y otras universidades trascendió el ámbito académico para golpear el corazón de la superestructura burguesa. Las barricadas no solo enfrentaron a la policía, sino que dinamitaron la jerarquía patriarcal y el elitismo intelectual. Consignas como “La imaginación al poder” fueron verdaderos programas de acción política: la exigencia de reapropiarse de la vida frente a un Estado que gestionaba la miseria existencial. Fue un ensayo de autogestión que desafió la propiedad privada del poder y la moral conservadora.

La mayor lección política reside en la potencia de la unidad obrero-estudiantil. Cuando diez millones de trabajadores paralizaron Francia, la producción se detuvo y el poder político quedó suspendido en el aire. No obstante, la mirada militante debe ser implacable con las claudicaciones de aquella izquierda burocrática y de los sindicatos entreguistas que actuaron como bomberos de la revolución. Al reducir la crisis política a una negociación salarial con el gobierno y los empresarios, priorizaron la supervivencia del aparato opresor sobre la ruptura con el régimen. Fue esa visión reformista la que salvó la vida al capitalismo en su hora más crítica, traicionando el desborde popular.

El legado del 68 es estrictamente emancipador: demostró que la lucha de clases desborda la fábrica, infiltrándose en la cultura y la subjetividad. Hoy, ante un sistema que profundiza la exclusión, recuperar ese espíritu es un imperativo ético. No recordamos aquel mayo con nostalgia, sino como un manual de resistencia que prueba que el orden establecido es reversible. Para el Ecuador actual, la lección es clara: solo la alianza inquebrantable entre los sectores democráticos y plurinacionales, permitirá vencer a la oligarquía que lucra con el caos. Superar la crisis exige organización frente al poder económico, recuperando la convicción de que la unidad es la única capaz de convertir la indignación en una victoria real y necesaria para nuestro pueblo.

sábado, 9 de mayo de 2026

9 de mayo Día de la Victoria

Rusia celebra en la Plaza Roja desfile militar en honor al 75 aniversario  de la Victoria en la Gran Guerra Patria | Embajadas y Consulados de Cuba 

 

 

La Gran Guerra Patria fue la gesta heroica donde el pueblo soviético, con inmenso sacrificio, frenó al nazismo, salvando su existencia y cambiando el destino de la humanidad entera.

 

 

La Segunda Guerra Mundial no fue un conflicto convencional, sino una lucha existencial por la supervivencia humana frente a la ambición total de la camarilla nazi. Hitler autorizaba la Operación Barbarroja para el 22 de junio de 1941, esta invasión nazi movilizó un poderío jamás visto (5.5 millones de soldados) con un objetivo escalofriante: borrar en cuatro meses a la Unión Soviética del mapa para consolidar el dominio mundial.

El significado histórico de esta gesta radica en la transformación de una derrota inminente en una victoria moral y militar sin precedentes. Mientras figuras políticas como el presidente de EE-UU Franklin D. Roosevelt y su sucesor Harry S. Truman, así como Winston Churchill Primer Ministro de Gran Bretaña especulaban con el desgaste mutuo de ambos bandos, el pueblo soviético respondió convirtiendo la resistencia en una "guerra popular".

Dos hitos definen este sacrificio:

1.  Moscú (1941): Donde la Wehrmacht sufrió su primer revés histórico. En lugar de un desfile nazi, el Ejército Rojo marchó por la Plaza Roja directo al combate, demostrando que el "invencible" ejército alemán podía ser frenado.

2.  Leningrado: Un asedio de 900 días que desafió la lógica. A pesar de 1.2 millones de muertes por hambre y frío, la ciudad se mantuvo en pie, produciendo armas y esperanza bajo la premisa de que "Leningrado no cayó".

Finalmente, la victoria se forjó en la retaguardia. Mediante un esfuerzo industrial colosal, la URSS logró triplicar la producción de tanques alemana.

La Gran Guerra Patria trasciende lo militar; fue la misión libertadora no solo del Ejército Rojo, sino de todo el pueblo soviético que, al salvar su hogar, rompió las cadenas de toda Europa.

Este triunfo definitivo sobre el fascismo se alcanzó en mayo de 1945, motivo por el cual cada 9 de mayo se celebra en Rusia el Día de la Victoria.  

viernes, 1 de mayo de 2026

Primero de Mayo: La dignidad se conquista luchando contra la miseria y represión

 “La memoria de los caídos es el combustible de la victoria final” Joaquín Gallegos Lara

La memoria histórica recuerda que el Primero de Mayo es una herida abierta que supura unidad y lucha y nos conecta con el hilo rojo de la historia. Desde los Mártires de Chicago en 1886 hasta los obreros rusos en 1917 que demostraron que el trabajador puede ser arquitecto de su destino, la lección es una sola: los derechos no se negocian, se conquistan incluso con la vida.

 

Al convertir el 1 de Mayo en “puente turístico”, Noboa busca debilitar la convocatoria obrera, y ejercer control social para evitar que el descontento masivo se tome las calles y plazas. En este 2026, la brújula de la clase obrera debe apuntar a rememorar la masacre del 15 de noviembre de 1922, cuando el Rio Guayas se convirtió en fosa común para el proletariado; y la matanza de obreros que exigían salarios justos en el ingenio Aztra en 1977. Esas luchas no deben quedar en el olvido.

Hoy, el rostro de la exclusión se maquilla con discursillos. Mientras Daniel Noboa, –fiel lacayo del imperialismo–, nos vende una “eficiencia” de tiktok, la realidad en los barrios es el hambre. El empleo adecuado es un privilegio para pocos, porque la mayoría sobrevive en la informalidad, cargando el peso de una austeridad que solo golpea al pueblo. Las promesas de “economía violeta” y trabajo híbrido son insultos para la mujer pobre que se parte la espalda en la precariedad.

Estamos ante un Estado burgués que busca precarizar la existencia de la clase trabajadora, convirtiendo derechos históricos en favores temporales para maximizar la ganancia de unos pocos a costa del hambre de las mayorías. Mientras las élites se autocondonan grandes deudas tributarias, el pueblo sigue mirando de lejos a la canasta familiar básica.

Las políticas públicas deben servir para potenciar al ser humano y no para desplazarnos a la miseria. La crisis no la puede pagar el pueblo humilde. Nos llaman “terroristas” para justificar la represión, pero el verdadero terror es la falta de empleo, el abandono escolar y la entrega de nuestro petróleo y minería a la oligarquía criolla y extranjera.

Este 1 de mayo, transformemos el descontento en organización contra el saqueo y la infamia de los verdugos. Que la voz del pueblo haga temblar al titano. Todos a las calles. ¡Viva el Primero de Mayo!

jueves, 23 de abril de 2026

A propósito del día del idioma español: La palabra debe ser un grito de identidad

Que la palabra sea el fuego que mantenga encendida la memoria de nuestros pueblos y el arma de resistencia que desmonte las mentiras del opresor. Doseret

Celebrar el Día del Idioma no es rendir pleitesía a los bustos de Cervantes; es reconocer el instante en que la palabra nos permite ser comunidad. El lenguaje es nuestra “huella genética cultural”, el fuego donde se funde la memoria de los pueblos. Sin embargo, este 23 de abril nos encuentra en una encrucijada donde la palabra es asediada por quienes pretenden robarnos el sentido de la realidad.

 El idioma español llegó a este continente como la lengua de la espada y la cruz. No fue un encuentro amable; fue una imposición que buscó asesinar el quichua y nuestras lenguas originarias, silenciando los saberes milenarios que habitan en la tierra. Pero no pudieron matarlo todo. En Ecuador, nuestra lengua es arcilla que resistió; el español se nutrió de la resistencia andina, convirtiéndose en una herramienta de lucha que aprendió a nombrar la injusticia con voz propia. No es solo la lengua de Castilla; es la soberanía de los excluidos.

Hoy, el idioma debe servir para leer e interpretar la actual crisis del Ecuador. No puede ser una estructura estática mientras las grandes mayorías son sometidas a la opresión de un sistema que privatiza la vida y criminaliza la pobreza. La lengua tiene que denunciar el hambre y la entrega de nuestros recursos, sirviendo como espejo de la lucha popular.

Asistimos con horror a la barbarización del lenguaje en manos de tiranos. El idioma de Trump y Netanyahu es escalofriante: utilizan términos como “defender la humanidad” para camuflar genocidios y masacres, asesinando la verdad de los pueblos antes de disparar misiles. El fascismo siempre gatea a través de la sintaxis; si la palabra no sirve a la ética, como advertía Saramago, se convierte en un monstruo que devora la libertad.

En este Día del Idioma, el desafío es convertir el lenguaje en un arma de combate contra el ruido de los opresores y la sumisión de los traidores. Que el testimonio de Eugenio Espejo, Miguel Riofrío, Pío Jaramillo Alvarado, Matilde Hidalgo Navarro, José de la Cuadra, Benjamín Carrión, Dávila Andrade, Gallegos Lara, entre otros, quienes, al leer y describir la realidad ecuatoriana, nos legaron la tarea de arrancar el significado de la verdad de las garras de la propaganda burguesa, porque si no nuestra historia seguirá escribiéndose con la tinta de los verdugos.