La profunda crisis del capitalismo
global no es un accidente, sino el agotamiento de un modelo financiero y
extractivista que precariza la vida, profundiza la desigualdad y devasta el
medio ambiente. En este escenario de incertidumbre, la victoria electoral de Lula
da Silva en Brasil emerge como un faro de resistencia para el progresismo
latinoamericano y un contrapeso indispensable frente a la hegemonía neoliberal
y el avance de la extrema derecha.
El triunfo popular brasileño frena
la ola reaccionaria en la región y resalta la vigencia del proyecto progresista,
el crecimiento carece de sentido sin soberanía alimentaria, derechos laborales
y redistribución de la riqueza. Para Ecuador, el retorno de Lula proyecta una
influencia determinante. Refuerza la necesidad de una integración soberana
regional a través de la UNASUR o los BRICS, ofreciendo una alternativa de cooperación
Sur-Sur para romper la dependencia de las recetas del FMI. Es un llamamiento a
la unidad de la clase trabajadora, a la movilización organizada y al blindaje
del patrimonio público ante el embate privatizador.
Este hito histórico coincide con la
movilización de la juventud que se toma las calles en Europa, Asia y América
Latina, reclamando vivienda, educación, solidarizándose con Palestina y rechazando
la guerra y el fascismo. En definitiva, cuestionando el orden establecido. La
victoria contra Bolsonaro demuestra que apelar a las demandas sensibles de las
masas puede derrotar al imperialismo. Ahora, el desafío de la izquierda, radica
en exigir el cumplimiento de la agenda social de Lula.
En Ecuador, la urgencia de esta
alternativa es evidente. Mientras el pueblo enfrenta un costo de vida
insostenible con el encarecimiento de la canasta básica y sufre una grave
crisis de salud pública, la banca privada acumula utilidades multimillonarias.
El gobierno de Daniel Noboa recurre a la manipulación de cifras sobre el
desempleo y a la propaganda, pretendiendo ocultar la inoperancia frente a la
violencia criminal y el colapso energético. A pesar de recaudar miles de
millones adicionales en impuestos mediante el alza del IVA, los recursos no
llegan a la salud ni a la educación, sino al pago de la deuda externa y al
bolsillo del capital transnacional. Frente a la amenaza de privatización y el
desgaste de su régimen, la respuesta oficial es más autoritarismo y
persecución. Es hora de unificar la protesta social contra la opresión y
construir una alternativa solidaria.





