“El gobierno es más efectivo en reducir a la oposición política que en combatir a la criminalidad organizada” Juanita Goebertus
Quienes asumimos el ejercicio de la opinión como un
compromiso irrenunciable con la defensa de la democracia, el Estado de derecho
y la transparencia, no podemos ser simples espectadores ante la progresiva
degradación de las garantías institucionales que sustentan la convivencia
democrática.
Esta dinámica de confrontación institucional sumada a
las recetas de ajuste fiscal, las reformas precarizadoras y la presión sobre
los sectores más vulnerables generan un malestar social latente que no puede
ser ignorado ni acallado con decretos. La historia reciente demuestra que la
imposición económica sin diálogo social es la antesala de estallidos de
protesta cuyos costos, humanos y democráticos, terminan siendo asumidos por los
sectores populares.
Juanita Goebertus, directora de Human Rights para las
Américas manifestó que le “impresiona cómo el gobierno parece estar siendo
más efectivo en reducir a la oposición política y a las organizaciones de la
sociedad civil, dejando muy tranquila a la criminalidad organizada que sigue
avanzando en el territorio.”
Resulta preocupante que el aparato estatal despliegue
una rigurosidad implacable para cercar la actividad política de la oposición y
monitorear el trabajo de las organizaciones sociales –incluso acusándolas del
lavado de activos–, mientras la ciudadanía demanda una respuesta más
contundente, estructurada y efectiva frente al avance del crimen organizado y
la violencia cotidiana.
La vigencia de una sociedad democrática no se mide
únicamente por la realización de elecciones, sino por la calidad de sus
garantías, el respeto a la pluralidad política y el equilibrio de poderes.
Defender la democracia implica exigir que el CNE actúe con absoluta
imparcialidad, que las reglas no se adapten a la conveniencia del gobernante de
turno, sino que sea el pueblo, en ejercicio pleno de su soberanía, quien decida
el destino del país. La democracia no es una dádiva concedida desde Carondelet,
es un derecho que se ejerce y defiende con participación ciudadana y unidad popular.