lunes, 1 de junio de 2026

Día del Niño: Entre la fiesta escolar y la barbarie en las calles

 

El síntoma más feroz de este Estado fallido es la muerte explícita, ya no se trata solo de balas perdidas; sino de asesinatos dirigidos y masacres urbanas.

 

El Día del Niño nos convoca a la ternura en el hogar y la escuela, a celebrar la inocencia y blindar la alegría de nuestros hijos. Sin embargo, como sociedad, la fecha no puede ser un simple desfile de globos y regalos. No hay nada que festejar; hoy toca habitar la indignación. Mientras el Código de la Niñez y Adolescencia parece archivado como un compendio de promesas vacías, la realidad ecuatoriana inflige a la infancia una violencia sistemática que hemos terminado por normalizar en el chisme del café, las redes, la cotidianidad y hasta en las homilías dominicales.

 

La indolencia nos ha cercenado la capacidad de asombro. Según datos del INEC y UNICEF, la desnutrición crónica infantil es una condena estructural que afecta a más del 30% de los menores de dos años. A la par, el hambre convive con el peligro; más de 300.000 niños trabajan en la informalidad o la agricultura, y zonas costeras y en zonas fronterizas se consolidan como rutas críticas de trata y explotación sexual.

El entorno que debería protegerlos los devora. El abuso sexual intrafamiliar y escolar es una epidemia con alarmantes índices de impunidad, reflejada en la tragedia de niñas de entre 10 y 14 años que dan a luz diariamente, partos que la ley reconoce como violaciones. En las aulas, el rezago y la deserción escolar en el bachillerato alimentan las filas de la exclusión, mientras el acoso tradicional pasó hacia la extorsión y el reclutamiento forzoso de bandas criminales dentro de los planteles.

Existe una brecha abismal entre la lírica legal y la desprotección fiscal, educativa y de seguridad. Celebrar este día ignorando la barbarie es ser cómplices. El mejor homenaje para la niñez ecuatoriana no es un juguete; es el compromiso urgente de exigir un país donde crecer no signifique, literalmente, intentar sobrevivir.