A los jóvenes que enarbolan su bandera temblando de rabia, pero jamás de miedo frente a la represión, les digo que su lucha encarna la memoria viva de un pueblo digno. Frente al poder dictatorial se alza una conciencia despierta que rechaza la pobreza como destino. La desmedida riqueza de una minoría oligárquica no puede seguir cimentándose sobre la miseria de millones.
Ecuador, patria de obreros, campesinos, indígenas, estudiantes y madres que buscan el pan diario y la seguridad robada; de jubilados que mendigan medicinas y maestros olvidados. Un país no se salva condonando deudas a los grandes grupos económicos, sino cuando el niño come, el anciano vive con dignidad y la universidad pública abre sus puertas sin mirar el bolsillo del estudiante.
En nuestro país, la embestida antidemocrática alcanza hoy su cénit con el encarcelamiento de Luisa González, esta acción descarada es la demostración fehaciente de la persecución encarnizada a la oposición justo en pleno proceso electoral. Es el secuestro manifiesto de la democracia y la institucionalización definitiva de un régimen autoritario que teme al veredicto popular en las urnas.
Arrestar a las voces opositoras para acallar la voluntad del pueblo revela la cobardía de una cúpula incapaz de vencer con ideas. No obstante, recluir a los defensores de las causas populares no apaga la chispa de la resistencia; al contrario, demuestra la descomposición de un Estado pisoteado por los intereses de una élite sometida al imperialismo.
Monseñor Leonidas Proaño recalcaba que el Evangelio camina con los excluidos y denunció al modelo neoliberal que mata. La fe que no abraza al pobre traiciona su causa. Recordamos también al combatiente de Malimpia, socialista que murió a manos del sicariato por sus ideales. Su entrega nutre la memoria de nuestras luchas.
Podrán gobernar desconectados de las necesidades de la gente, a decretazo limpio y como peones de Washington y el capital transnacional. Pero este gobierno no tiene derecho a tratar la crisis social con represión criminal. La patria no es una empresa privada ni una hacienda. La libertad es una farsa si solo la disfrutan quienes pueden comprarla.
Desde los barrios olvidados, desde los sectores populares, se escuchan voces protestando ante los cortes de luz, la violencia y la dictadura de cartón. Es hora de reforzar la organización popular, la conciencia crítica y la solidaridad para reescribir la historia por la liberación.
