viernes, 5 de septiembre de 2025

La cruda realidad que el gobierno se niega a enfrentar

Durante el presente gobierno, el pueblo ecuatoriano enfrenta problemas críticos que afectan su calidad de vida y dignidad. La violencia y el crimen organizado se han disparado, generando miedo e inseguridad en todo el país. No se puede vivir con miedo ni bajo el yugo del crimen mientras el Estado permanece ausente o ineficaz.

 

La crisis económica golpea con fuerza: el desempleo crece, la informalidad se expande y la inflación destruye el poder adquisitivo. El pueblo trabaja y no le alcanza. Nos preguntamos: ¿Dónde están las soluciones? ¿Por qué siempre paga el pueblo de pie mientras las élites se enriquecen más?

El sistema de salud y la educación pública muestran un abandono alarmante por disminución del presupuesto estatal. La salud no es un lujo, y la educación no debe ser privilegio de unos pocos. A esto se suman protestas legítimas contra reformas laborales y tributarias que solo benefician a los poderosos. En cambio, el gobierno organiza contramarchas para medir su popularidad, desviando la atención de los verdaderos problemas. El pueblo clama por justicia, transparencia y un Estado que respete sus derechos, no uno que ignore su sufrimiento y lo abandone.

Un político que de verdad quiera entender al pueblo debería vivir como un trabajador: con sueldos bajos, sin contratos dignos, con miedo al despido y sin acceso real a salud ni educación. Que sienta lo que es amanecer antes del sol, tomar un bus lleno, aguantar horas de trabajo mal pagado y volver a casa sin saber si alcanza para la comida del mes.

Los políticos de turno, apenas llegan al poder, tienen latisueldos, oficinas con aire acondicionado, choferes y guardaespaldas. Los asambleístas, en dos o tres días aprueban leyes que enriquecen a banqueros, grandes empresarios y evasores de impuestos. En cambio, las leyes que ayudarían al pueblo se diluyen, y si luego de 4 o 5 años, las aprueban, ya no sirven.

Basta de vender promesas mientras el trabajador vive endeudado, precarizado y olvidado. La gente no vive de discursos, vive de trabajo, y exige respuestas, no limosnas. Pero si los politiqueros no quieren ver la realidad, que se bajen del pedestal y caminen con nosotros. Porque el pueblo ya no aguanta. Y cuando el pueblo se levanta, no hay represión que lo detenga.

 

viernes, 29 de agosto de 2025

Defender la Constitución es defender la libertad y la democracia

“La libertad no se implora de rodillas, se conquista en los campos de batalla”.    Eloy Alfaro

Hoy, como ayer, la historia se repite; los amos cambian de rostro, pero no de esencia. Antes fueron encomenderos y hacendados; hoy son banqueros, empresarios y políticos serviles al Fondo Monetario Internacional y a los intereses de EE.UU. Frente a ellos emergen los nuevos “criados”, dispuestos a vender a su propia gente con tal de mantener sus privilegios intactos. Pero también surge un pueblo consciente, organizado y rebelde, que no acepta la sumisión y se levanta decidido a romper las cadenas.

El gobierno de Daniel Noboa encarna ese rumbo. Se autoproclama renovador, pero se sostiene en un autoritarismo creciente, en leyes inconstitucionales y en la manipulación de la seguridad como pretexto. A través de “troles” legislativos que deforman decenas de normas, promueve un Estado sumiso al capital mientras el pueblo sufre asesinatos récord, desempleo, crisis educativa y sanitaria, y hasta la amenaza de convertir Galápagos en portaviones de la potencia yanki.

Como antaño, la resistencia nace y sobrevive de la memoria. En la sociedad contemporánea, ese rol lo cumple la Corte Constitucional; último dique frente a la arbitrariedad del poder. Sin embargo, Noboa ha desatado una guerra contra ella. Rodeado de militares y policías, acusa a los jueces de “enemigos del pueblo”, expone públicamente sus rostros y amenaza con reformas para destituirlos con una simple mayoría. Se suman marchas y campañas orquestadas con recursos estatales, que buscan quebrar el único organismo independiente del país y silenciar las voces que aún defienden la educación, la salud y la justicia social.

La Constitución quizá no sea la mejor, pero no es un adorno ni un papel vacío: es el pacto popular más profundo de nuestra historia, fruto de luchas por una democracia real, plurinacional e incluyente. Atacarla equivale a traicionar al pueblo, a la memoria y a la dignidad colectiva. Defenderla, en cambio, es defender la educación pública, la cultura y la identidad, y sostener el derecho a decidir nuestro destino sin imposiciones de élites oligarcas ni potencias extranjeras.

Como señalaba Eloy Alfaro, “La libertad no se implora de rodillas, se conquista en los campos de batalla”. Hoy, frente al autoritarismo de Noboa, la historia nos llama a andar con cabeza y corazón, a defender la Constitución como bandera del pueblo y a castigar a los traidores de la democracia.

viernes, 22 de agosto de 2025

El falso progreso solo deja pobreza y represión

"Callar cuando se debe hablar sería como traicionar"

 En el Ecuador profundo, el dolor no cambia. La riqueza de la tierra se va en camiones cisterna y barcos cargueros, mientras el pueblo queda con contaminación, pobreza y silencio. El extractivismo sigue dictando el rumbo económico del país: petróleo y minería disfrazados de progreso, pero que en realidad dejan miseria, enfermedades y abandono.

En la Amazonía, las grandes petroleras extraen con total libertad, muchas veces sin consulta previa, vulnerando derechos colectivos. En las zonas mineras, cerros enteros son arrasados mientras sus habitantes sobreviven sin agua, sin salud, sin futuro. Nos hablan de desarrollo, pero el 30% de niños menores de cinco años sufre desnutrición crónica. ¿Eso es progreso?

El saqueo no viene solo. Se acompaña de autoritarismo. El presidente Daniel Noboa, amparado en discursos de renovación y seguridad, concentra cada vez más poder. La consulta popular de 2024 no le sirvió del todo para blindar su agenda. Ahora propone otra, que, si le es adversa, gobernará por decreto, militarizará y limitará la crítica pública. Se criminaliza la protesta, se silencia al disenso. La democracia se erosiona con el pretexto del orden.

Ecuador enfrenta hoy una doble amenaza: el extractivismo que despoja y contamina, y el autoritarismo que calla y somete. Defender el territorio es también defender la democracia. No es romanticismo, es exigir justicia y dignidad.

Señor presidente, se nota que se ha acostumbrado al silencio de las élites. Pero el pueblo ya no callará, porque sabe que es hora de defender la patria para construir un país más justo y soberano. Estas palabras no son consignas de panfletos. Vienen del suelo mojado con sudor de obrero, del olor a crudo que ahoga la selva, de cerros heridos donde los niños no sueñan, solo resisten.

Mientras nos venden el cuento del desarrollo, las grandes empresas se llevan el oro, el cobre, el petróleo. A cambio, nos dejan ríos contaminados, montañas partidas y comunidades olvidadas. Los nuevos conquistadores llegan con contratos, deuda y discursos florindos. Y lo peor: lo hacen con la firma de funcionarios que se llenan la boca de “patriotas”.

La respuesta popular se refleja en demandas de inconstitucionalidad y movilizaciones. Nos roban la tierra, la voz y la vida: "Callar cuando se debe hablar sería como traicionar". La historia se escribe luchando con el puño levantado, porque el gobierno seguirá arrodillado al FMI y a las élites.

 


viernes, 15 de agosto de 2025

Lecciones históricas para el Ecuador contemporáneo

   La historia de Hitler, sus mentiras y su ascenso al poder resuenan inquietantemente en la política actual del Ecuador, especialmente con las pretensiones de Daniel Noboa de usar un referendo para concentrar poder y consolidar un modelo autoritario. Al igual que Hitler, Noboa se presenta como un “líder joven y moderno”, mientras mantiene vínculos con grupos empresariales y bancarios que representan a la élite económica. Su discurso intenta proyectar la imagen de un salvador desinteresado, pero sus políticas buscan blindar intereses poderosos y limitar la capacidad de organización y resistencia de las mayorías.

Hitler construyó su poder fabricando enemigos internos, manipulando el miedo y presentándose como la única solución posible. En el Ecuador actual, el relato oficialista recurre a un mecanismo similar: al identificar sectores sociales, políticos y jurídicos como obstáculos para su gobierno, señalando a movimientos sindicales, estudiantiles o críticos como amenazas al orden. El referendo impulsado por Noboa se plantea entre comillas como una herramienta para resolver la crisis, pero en la práctica abre la puerta a reformas legales que reducen derechos, debilitan el control ciudadano y refuerzan el aparato represivo del Estado.

La historia muestra que el autoritarismo no siempre comienza con un golpe de Estado; a menudo se viste de legitimidad electoral y se disfraza de medidas “necesarias para el bien común”. Así fue en la Alemania nazi, donde la legalidad desmanteló la democracia desde dentro. Noboa apela al miedo generado por la inseguridad y la crisis económica para obtener un cheque en blanco que le permita modificar el equilibrio de poderes y gobernar sin contrapesos efectivos.

La supuesta “lucha contra el crimen”, como lo hizo Hitler, puede ser cortina de humo para eliminar la oposición y la resistencia popular e imponer un modelo elitista. Este discurso seduce mientras socava libertades y derechos. Noboa busca someter a la Corte Constitucional, porque le incomoda su independencia, disfrazando de “marcha ciudadana” una ofensiva autoritaria orientada al control absoluto del poder.

La historia no se repite idéntica, pero sus patrones sí. En el Ecuador actual, la memoria histórica y el pensamiento crítico son vitales para reconocer las señales del autoritarismo antes de que sea demasiado tarde. La defensa de derechos y libertades debe ser activa, porque el fascismo moderno no llega marchando con botas, sino envuelto en el brillo engañoso de la “seguridad”.