“Ni sumisos ni silenciados, resistir los abusos y rugir contra la injusticia para forjar un país justo desde rebeldía popular” Doseet
El Ecuador actual vive marcado por la incertidumbre económica, la inseguridad y una profunda desconfianza hacia las instituciones. Esta realidad puede entenderse a través de la metáfora: “del camello, el león y el niño” –de Friedrich Nietzsche– no como figuras literarias aisladas, sino como manifestaciones auténticas de la identidad popular.
El camello representa a las mayorías populares que sostienen el país con su trabajo cotidiano. Son quienes madrugan para enfrentar empleos precarios o informales, quienes pagan impuestos aun cuando sienten que los servicios públicos no responden a sus necesidades, quienes sobreviven entre el alza del costo de vida y salarios insuficientes. Sobre sus hombros recae también el peso de la corrupción que, desde las altas esferas del poder, desvía recursos destinados a salud, educación, infraestructura y seguridad. El camello resiste, carga con la inseguridad en las calles, con la falta de oportunidades para los jóvenes y con la migración forzada de familiares que buscan mejores horizontes. Su virtud ha sido la paciencia; su tragedia, el abuso de esa paciencia.
Pero cuando la carga se vuelve insoportable, el camello se transforma en león. Ese león se expresa en organizaciones sociales, movimientos indígenas, colectivos ciudadanos, trabajadores y estudiantes que se organizan para exigir cambios. Es el pueblo que dice no a la impunidad, a la desigualdad estructural, a políticas públicas que no dialogan con la realidad de los territorios. El león cuestiona la concentración de riqueza, denuncia la violencia y reclama transparencia. Su fuerza radica en la toma de conciencia de que los derechos no se mendigan, sino que se ejercen y se defienden. Sin embargo, la protesta por sí sola no basta; el rugido necesita horizonte.
Ahí aparece el niño, esa transformación que simboliza la capacidad creadora del pueblo, la construcción de propuestas, la búsqueda de consensos y la imaginación de un país distinto. Es la ciudadanía que impulsa iniciativas comunitarias, economía solidaria, educación crítica y participación democrática más allá de los ciclos electorales. El niño dice si a un Ecuador más justo, donde el desarrollo no sacrifique la dignidad humana ni el respeto a la naturaleza.
La pregunta es: ¿seguiremos siendo el “camello” resignado o nos convertiremos en el “león” indignado que lucha por un futuro más equitativo y solidario?