“Libertad de hablar sin libertad de pensar, no existe; a menos que tengamos la de publicar necedades, entorpecer los derechos del hombre y proferir vituperios contra los que toman por suya su defensa.” Juan Montalvo
Cada 13 de abril, el Ecuador evoca la figura de Juan Montalvo para celebrar el Día del Maestro. Sin embargo, en la actual coyuntura de crisis sistémica y ofensiva neoliberal, esta fecha no puede reducirse a discursos vacíos de las autoridades. Honrar a Montalvo, aquel que con la pluma desafió tiranías, exige denunciar la desidia de un Gobierno que ha convertido la educación en una variable de ajuste fiscal, ignorando que el aula es la primera trinchera contra la pobreza.
El rol actual del docente es erigirse como un sujeto político y ético fundamental. Su tarea no es domesticar conciencias para que encajen en un mercado laboral precario, sino, bajo una perspectiva freireana, generar espacios de diálogo y problematización. Enseñar hoy es un acto de resistencia; es tomar posición frente a la injusticia, el autoritarismo y la desigualdad que asfixia a los sectores populares.
Dignificar la labor docente es una necesidad estructural. No basta con los aplausos retóricos; se requiere un justo reconocimiento salarial y un presupuesto que no sea mutilado bajo el pretexto de la austeridad dictada por el FMI. El Estado al reducir la inversión educativa, sentencia a las futuras generaciones a sufrir marginación escolar y exilio social. El maestro ecuatoriano, a pesar del abandono estatal y la inseguridad, sigue sosteniendo la esperanza, humanizando los saberes y cultivando en sus estudiantes el deseo de una justicia social verdadera.
La docencia es una práctica liberadora. El maestro es un intelectual transformador que, emulando el rigor y la rebeldía de gigantes como Eugenio Espejo, Juan Montalvo, Pío Jaramillo, Dolores Cacuango, Eloy Alfaro, Miguel Riofrío, Benjamín Carrión, José Martí, Simón Rodríguez, Rosita Paredes, entre otros que empuñaron la palabra y la pluma como estandarte emancipador, para combatir la barbarie del olvido y la sumisión. El compromiso de hoy es con la formación de ciudadanos críticos, capaces de discernir y actuar para transformar el injusto orden social. Solo a través de una pedagogía liberadora, que sitúe la vida por encima del capital, podremos forjar la patria nueva.
Vaya un saludo combativo y fraterno a los maestros y maestras que, con sacrificio y conciencia de clase, moldean el porvenir en cada rincón del país. Que la unidad y la lucha sigan siendo el norte para conquistar una educación digna y emancipadora. Feliz Día del Maestro y la Maestra.