lunes, 13 de abril de 2026

Día del Maestro: De la pluma de Montalvo a las aulas del saber y la resistencia

“Libertad de hablar sin libertad de pensar, no existe; a menos que tengamos la de publicar necedades, entorpecer los derechos del hombre y proferir vituperios contra los que toman por suya su defensa.”  Juan Montalvo

Cada 13 de abril, el Ecuador evoca la figura de Juan Montalvo para celebrar el Día del Maestro. Sin embargo, en la actual coyuntura de crisis sistémica y ofensiva neoliberal, esta fecha no puede reducirse a discursos vacíos de las autoridades. Honrar a Montalvo, aquel que con la pluma desafió tiranías, exige denunciar la desidia de un Gobierno que ha convertido la educación en una variable de ajuste fiscal, ignorando que el aula es la primera trinchera contra la pobreza.

El rol actual del docente es erigirse como un sujeto político y ético fundamental. Su tarea no es domesticar conciencias para que encajen en un mercado laboral precario, sino, bajo una perspectiva freireana, generar espacios de diálogo y problematización. Enseñar hoy es un acto de resistencia; es tomar posición frente a la injusticia, el autoritarismo y la desigualdad que asfixia a los sectores populares.

Dignificar la labor docente es una necesidad estructural. No basta con los aplausos retóricos; se requiere un justo reconocimiento salarial y un presupuesto que no sea mutilado bajo el pretexto de la austeridad dictada por el FMI. El Estado al reducir la inversión educativa, sentencia a las futuras generaciones a sufrir marginación escolar y exilio social. El maestro ecuatoriano, a pesar del abandono estatal y la inseguridad, sigue sosteniendo la esperanza, humanizando los saberes y cultivando en sus estudiantes el deseo de una justicia social verdadera.

La docencia es una práctica liberadora. El maestro es un intelectual transformador que, emulando el rigor y la rebeldía de gigantes como Eugenio Espejo, Juan Montalvo, Pío Jaramillo, Dolores Cacuango, Eloy Alfaro, Miguel Riofrío, Benjamín Carrión, José Martí, Simón Rodríguez, Rosita Paredes, entre otros que empuñaron la palabra y la pluma como estandarte emancipador, para combatir la barbarie del olvido y la sumisión. El compromiso de hoy es con la formación de ciudadanos críticos, capaces de discernir y actuar para transformar el injusto orden social. Solo a través de una pedagogía liberadora, que sitúe la vida por encima del capital, podremos forjar la patria nueva.

Vaya un saludo combativo y fraterno a los maestros y maestras que, con sacrificio y conciencia de clase, moldean el porvenir en cada rincón del país. Que la unidad y la lucha sigan siendo el norte para conquistar una educación digna y emancipadora. Feliz Día del Maestro y la Maestra.


viernes, 3 de abril de 2026

Incremento del IVA un golpe a la mesa de los sectores populares

La Unidad Popular y el Frente Unitario de Trabajadores rechazan el incremento del IVA al 15%, receta impuesta por el FMI y las élites para proteger sus intereses mientras empobrecen al pueblo con más carestía de la canasta básica.

   El incremento del IVA al 15% es una abierta declaración de guerra económica contra los sectores populares. Esta medida, dictada bajo el recetario del FMI y los intereses de las élites criollas, profundiza las contradicciones de un sistema que, en plena crisis, decide cargar el peso del déficit sobre los hombros de quienes ya no tienen nada que entregar. Es el rostro más crudo de un paquetazo regresivo que golpea la mesa de los hogares humildes para salvaguardar la rentabilidad del gran capital.

   Desde una perspectiva de clase, este golpe al consumo básico representa una transferencia neta de riqueza: se extrae el sudor del bolsillo del proletariado para alimentar las arcas de un Estado que prioriza el pago de la deuda externa por encima de la vida. Mientras el precio de la leche o el pan se vuelve prohibitivo para las mayorías, reduciendo el salario real a niveles de subsistencia, la oligarquía financiera continúa blindada tras un escudo de exoneraciones fiscales y prebendas corporativas. Es la lógica del capital en su estado más puro, socializar las pérdidas y privatizar las ganancias.

   El contraste es violento e indignante. El pueblo enfrenta no solo la asfixia económica, sino el desmantelamiento de la salud y la educación, sumado a una inseguridad que devora los barrios populares. Un gobierno que castiga el consumo básico en lugar de gravar la acumulación de las grandes fortunas no es más que un capataz de las élites. Esta política tributaria no busca solucionar la crisis de fondo, sino perpetuar un modelo donde la vida digna es un privilegio de pocos y el hambre una herramienta de control para muchos.

   Ante este escenario de autoritarismo económico, aceptar este atropello es permitir que la oligarquía profundice la indigencia estructural. La postura de organizaciones como la Unidad Popular y el Frente Unitario de Trabajadores no es solo un rechazo retórico, sino una brújula para la acción. La historia nos enseña que el derecho a la existencia no se negocia en despachos alfombrados, se defiende en las calles. La movilización y la unidad popular son las únicas herramientas legítimas para frenar un modelo que busca "matar de hambre" al pueblo mientras las élites celebran sus ganancias. En esta lucha, el único camino es la resistencia organizada: solo el pueblo salva al pueblo.