viernes, 21 de noviembre de 2025

El NO, fue un rechazo al autoritarismo y una afirmación de dignidad

El contundente triunfo del NO en el referéndum del 16 de noviembre de 2025 marcó un punto de inflexión en la política ecuatoriana. No fue simplemente una derrota electoral para Daniel Noboa: fue un mensaje claro de una ciudadanía que se niega a aceptar la deriva autoritaria, neoliberal y militarista que el Gobierno pretendió consolidar bajo el pretexto de la crisis. Las preguntas de la consulta, especialmente la autorización de bases militares extranjeras y la convocatoria a una Asamblea Constituyente, fueron interpretadas por la población como intentos de reconfigurar el Estado al servicio de los grandes grupos económicos.

El país dijo NO a la entrega de soberanía, NO a la manipulación constitucional y NO a un proyecto que profundiza la desigualdad en nombre de la estabilidad. Basado en combatir la inseguridad nos militarizó el quehacer cotidiano. Ante ello, la ciudadanía con una intuición política admirable, vio con claridad que permitir la presencia militar extranjera no resolvería la violencia estructural, y que una Constituyente impulsada por la derecha podía convertirse en un vehículo para desmontar la actual Constitución y debilitar derechos colectivos y laborales conquistados con años de lucha.

La victoria del NO, fue posible gracias a la articulación de las fuerzas progresistas, de movimientos sociales, indígenas, campesinos, sindicales, ambientales y ciudadanos que lograron disputar sentido común, desmontar el discurso del miedo y evidenciar el trasfondo privatizador y oligárquico del proyecto gubernamental. Fue también un rechazo frontal a la criminalización de la protesta, al uso político de las fuerzas armadas y al autoritarismo que reduce la democracia a un trámite burocrático.

Esta victoria popular tampoco puede convertirse en triunfalismo. Si algo ha quedado claro es que las élites económicas, con respaldo internacional, no renunciarán fácilmente a su agenda de ajuste, concentración de poder y mercantilización de la vida. El desafío de los sectores progresistas es sostener la unidad popular, construir un proyecto económico centrado en el trabajo, la soberanía alimentaria y el fortalecimiento de servicios públicos, y evitar caer en los mismos vicios que se critican al gobierno.

El país exige rectificación: fin de la persecución, instituciones independientes, diálogo real y políticas económicas que partan de la gente y no del capital financiero. El NO, no fue solo un rechazo: fue una afirmación de dignidad. Ahora toca convertir esa dignidad en horizonte político.

sábado, 15 de noviembre de 2025

Del 15 de noviembre de 1922 a la consulta de Noboa: un siglo de represión al trabajador

     La historia del movimiento obrero ecuatoriano está escrita con sangre, sudor y dignidad. El 15 de noviembre de 1922, centenares de trabajadores fueron masacrados en Guayaquil mientras exigían derechos elementales: jornada de ocho horas, salarios justos y respeto a la ley laboral. La oligarquía y el Estado, bajo el gobierno de José Luis Tamayo, respondieron con balas a la organización obrera. Aquella matanza no fue un hecho aislado: fue el inicio de una larga tradición de persecución contra quienes se atreven a desafiar el poder del capital.

Cien años después, el panorama se repite, disfrazado de “modernización” y “flexibilidad laboral”. El discurso oficial pretende hacernos creer que precarizar el empleo y facilitar los despidos es “crear oportunidades”. Pero tras esa retórica se esconde la misma lógica de siempre: subordinar al trabajador a los intereses empresariales. Hoy se criminaliza la protesta sindical, se persigue a dirigentes, se disuelven organizaciones y se desmantelan los pocos espacios de negociación colectiva que quedan.

El gobierno de Daniel Noboa, mediante una consulta popular nefasta, busca consagrar por vía democrática el despojo de derechos conquistados hace un siglo. Se ofrece una falsa elección mientras se consolida un modelo laboral que legaliza la inestabilidad, debilita la seguridad social y vuelve el empleo un privilegio precario. La llamada “reforma por el empleo” es la legalización de la explotación. A ello se suma la reforma a la LOSEP, que criminaliza la paralización laboral y permite disolver sindicatos públicos, imponiendo silencio y anulando la organización de la clase trabajadora.

El sindicalismo ecuatoriano atraviesa una crisis profunda, cooptado y fragmentado. Pero el momento exige recuperar su sentido combativo, su capacidad de lucha y su memoria histórica. Los mártires del 15 de noviembre no cayeron por reformas cosméticas, sino por un ideal de justicia y dignidad que hoy sigue pendiente.

Recordar el Guayaquil de 1922 no es nostalgia, es advertencia. Cada vez que el capital impone su dominio absoluto, los derechos retroceden y la injusticia avanza. Frente a la farsa del poder, el único camino sigue siendo la organización y la lucha. Porque los derechos no se mendigan ni se votan: se conquistan en las calles.

viernes, 14 de noviembre de 2025

De la obediencia a la conciencia en la novela de Luchy Núñez

Hace casi veinticinco años leí la novela “No es tan fácil saltarse un examen” de Luchy Núñez. La misma, que puede resumirse como un proceso de concienciación, un camino por el cual la protagonista, María, transita desde una posición ingenua de la realidad hacia una comprensión crítica de su existencia. Pero como sostenía Paulo Freire, “las personas se educan entre sí, mediatizadas por el mundo”. En este sentido, María no es una receptora pasiva del conocimiento ni una simple transgresora de normas escolares, sino una joven que se apropia de la palabra escrita para transformar su comprensión del mundo y de sí misma.

 

La novela plantea una crítica al sistema educativo tradicional, centrado en la evaluación rígida y la memorización, al presentar una alternativa: la escritura autobiográfica como medio de aprendizaje significativo. María no busca una simple escapatoria al examen; en cambio, encuentra en la narrativa una pedagogía liberadora que le permite problematizar su vida, cuestionar sus circunstancias familiares y reconfigurar su identidad. Así, la escritura se convierte en práctica, en acción reflexiva transformadora. Su experiencia con la escritura confirma que el conocimiento no está solo en los libros de texto, sino también en la historia personal y en la palabra dialogada y escrita.

El entorno de María, con su madre trabajadora, un hermano con problemas de alcoholismo, otro con el que apenas se comunica, no es presentado como un simple trasfondo, sino como el campo real de su lucha. Al igual que los oprimidos de los que habla Freire, María enfrenta estructuras invisibles que limitan su desarrollo, pero, al narrarlas, las desvela, las nombra y, por tanto, comienza a transformarlas. A través del personaje de Marco, comprometido socialmente, la novela introduce además el concepto de solidaridad activa, otro pilar de la pedagogía liberadora.

El accidente de Roger, actúa como una situación límite que, en lugar de paralizar a María, la impulsa a una mayor reafirmación y reflexión de su capacidad crítica. En su acto de escribir, María no solo se redescubre, sino que también interpela a los lectores jóvenes a asumir una postura activa frente a sus vidas. Ojalá puedan leer la novela, “No es tan fácil saltarse un examen”, que es una invitación a la libertad, entendida como el proceso continuo de sensibilización y liberación del ser humano.