"La soberanía no se negocia; tampoco se aplaude la vileza de llamar a que agredan a la patria" Doseret
Nunca antes en la historia contemporánea de América Latina un país como Venezuela había sufrido bombardeos a gran escala por parte de una potencia extranjera, hasta lo ocurrido en enero de 2026, cuando fuerzas estadounidenses atacaron Caracas y otras zonas, generando explosiones, muertes y un profundo quiebre de la soberanía latinoamericana.
Frente a una agresión de tal magnitud, lo mínimo exigible a cualquier dirigente que se diga demócrata o patriota es una condena firme y sin ambigüedades. Sin embargo, ocurrió lo contrario. El caso más grotesco fue el de María Corina Machado, quien no solo se negó a condenar el bombardeo, sino que lo celebró y justificó como un acto “liberador”, llegando al extremo inadmisible de “entregar” su medalla del Premio Nobel de la Paz a Donald Trump, el líder del neofascismo. Ese gesto no es anecdótico, es profundamente político. Expresa una visión que subordina la soberanía nacional a la ambición desmedida de poder y donde el bienestar y la vida de la población son ignorados.
Este es el verdadero rostro de la ultraderecha en nuestra región. Es el viejo libreto del fascismo reciclado, alimentado por el odio contra los pueblos que se atrevieron a disputar los privilegios del Tío Sam. No se trata de defender gobiernos, sino de defender pueblos, sus vidas, su dignidad y su derecho a decidir su destino sin que potencias extranjeras impongan su voluntad. Cuando una derecha ambiciosa aplaude operaciones militares contra su propio país, no es oposición democrática, sino una fuerza subordinada al imperialismo, dispuesta a entregar su soberanía a cambio de tutelaje político.
Este patrón no es exclusivo de Venezuela. América Latina ya padeció invasiones, golpes de Estado y masacres bajo el disfraz de la “liberación” y la “democracia”: Guatemala en 1954, Chile en 1973, Nicaragua durante décadas, Panamá en 1989. En todos los casos, la promesa de libertad encubrió violencia, saqueo y sometimiento. La historia más temprano que tarde sabrá juzgarlos. El libreto es conocido: “es un mal necesario”. Con ese pretexto se legitimaron crímenes en todo el continente, siempre en nombre de valores ajenos y con sangre del pueblo. Normalizar la agresión extranjera es abrir la puerta para que mañana cualquier país que desafíe al poder imperial sea castigado del mismo modo.