sábado, 17 de diciembre de 2016

La educación que tenemos no es la que se nos prometió, menos aun la que necesitamos para construir la patria nueva


Pareciera que la corrupción económica y moral que involucra a altos funcionarios del gobierno desplaza el necesario y sesudo análisis de la problemática educativa, que siendo parte de la crisis nacional, tiene su propia particularidad.
La educación que tenemos no es la que se nos prometió, menos aun la que necesitamos para construir la patria nueva. Pese a que la Constitución establece que la educación “es un derecho de las personas a lo largo de la vida” y “un deber ineludible del Estado”, esto no es así, porque precisamente durante la década ganada, se han cerrado cientos de escuelas con el engaño de los planteles del milenio que no son tales. Con el cuento de la calidad y la meritocracia se desprecia la carrera docente y se desconoce la organización sindical.
Se ha dicho más de una vez que la única vía garantizar e impulsar el desarrollo integral de las personas y de los pueblos es contar con un sistema educativo de buena calidad. Sin embargo la educación pública en todos sus niveles y modalidades no tiene una cultura nacional que conlleve a lograr la emancipación, la libertad, la justicia, la equidad y el anhelado buen vivir.
Para que esta premisa sea una realidad es imprescindible ahora y no mañana, que los candidatos presidenciales asuman el compromiso de que la educación es un asunto de todos, y por tanto buscar los consensos para mejorar la calidad y atender prioritariamente los problemas de falta de equidad y hacer posible que todos los ecuatorianos aprendan para la vida y a lo largo de toda la vida. Sólo así se crearán las oportunidades para que cada quien realice sus aspiraciones y logre una vida digna, productiva y solidaria.
Para avanzar en este sentido, requerimos contar con un sistema de educación emancipador en su sentido lato. Un sistema coordinado con la sociedad en su conjunto, sólo así habrá la oportunidad para el desarrollo del país, para la transformación política que demanda la afirmación de una identidad nacional, así como el fortalecimiento de la democracia, la solidaridad y la equidad.
Para lograr esa educación emancipadora, necesitamos de la corresponsabilidad de los candidatos presidenciales y de los docentes, ese compromiso, permitirá elevar la calidad de la educación, mejorar la oferta educativa, y paralelamente recuperar la trayectoria combativa y democrática de la Unión Nacional de Educadores.