viernes, 5 de septiembre de 2014

Septiembre, mes del federalismo



Septiembre en el Ecuador es el mes del federalismo, mes en el que se recuerdan 155 años de la gesta de Manuel Carrión Pinzano, mes de la autodeterminación, la libertad y la defensa de la patria. Precisamente cuando el país atravesaba un triple desgobierno y la invasión del militarismo peruano, el cabildo lojano tomó la histórica decisión de establecer un sistema político para dirigir y administrar nuestra jurisdicción.
Pío Jaramillo Alvarado, destaca que el mayor logro del federalismo lojano de 1859, es el hecho de “poner fin al sistema departamental y dar a las provincias la categoría gubernativa a que tenían derecho". Sin embargo es significativo recordar que en el poco tiempo que duró el gobierno federal, se creó el Tribunal Supremo de Justicia, se forjaron las bases de la Universidad lojana, se habilitó el puerto de Jambelí, se redujeron los impuestos y se administró con autonomía las pocas rentas de la provincia.
Cada septiembre y no pocas veces se oculta este acontecimiento cívico y patriótico, con la actividad ferial, con la fe religiosa, con la elección de “reinas”, etc., y no se da la importancia real que merece el histórico Gobierno Federal de Loja, menos aún se reconoce en Manuel Carrión Pinzano al salvador de la Patria y ejemplo de unidad, patriotismo y libertad.
En estos días se repetirá con vehemencia discursiva que ya tenemos patria, que la patria es de todos, que ésta es altiva y soberana. Pero ni lo uno ni lo otro. Puesto que aún se irrespetan los derechos ciudadanos y sociales. Aún no se vive plenamente la vigencia del derecho a la seguridad, a la salud, a la educación, al trabajo.
Una patria altiva y soberana como la soñada durante el federalismo lojano, en la que, aunque temporalmente a los sectores populares se le brindó la posibilidad de día a día disfrutar plenamente de una libertad diferente a la de las clases dominantes o de turno en el poder, conlleva que se refuercen las oportunidades de ampliar la acción solidaria, promover la participación social, la defensa de los derechos y garantías constitucionales, implica sobre todo perder el miedo e incorporarse a la lucha constante más allá del precio que encierra enfrentar a las realidades que la impiden.