miércoles, 9 de junio de 2010

SILVIO ES COMO ES

por Pedro de la Hoz
No era una estrella de rock ni un rapero de moda con varios Grammy en su haber. Sus discos no son distribuidos por las transnacionales ni son promovidos insistentemente por MTV. Por 30 años había estado ausente, debido a reiteradas negativas de visado por parte de las autoridades de ese país.
Sin embargo, ahí estaban los medios, disputando espacio en la sala de la conferencia de prensa y hasta CNN dispuso la transmisión en vivo de una larga parte de la sesión de preguntas y respuestas… salvo aquella en que el cantautor abundó acerca de la injusta condena de prisión en EE.UU. de cinco compatriotas suyos. ¡Qué casualidad para nada casual!
El caso es que Silvio Rodríguez en Nueva York, y nada menos que como anticipo de su presentación en el Carnegie Hall, no podía pasar inadvertido.
La rueda de prensa, como era de esperar, dedicó más tiempo a sondear las opiniones políticas del trovador que a indagar en su poética.
Cuando se le preguntó acerca de su lealtad al proceso social que desde hace 50 años ha transformado radicalmente la vida cubana, Silvio fue consecuente con una idea que ya había expuesto en su última producción discográfica, Segunda cita, y sobre la cual se había explayado durante la reciente presentación del fonograma en La Habana: la necesidad de enmendar errores, superar insuficiencias, y profundizar y perfeccionar la sociedad.
Al respecto dijo: “La Revolución es un evento circunstancial, y la evolución es una necesidad constante de la sociedad y de los seres humanos. Necesitamos evolucionar y a veces hacer una revolución.” […] Creo que debemos seguir manteniendo las conquistas para el pueblo que se han hecho, que son cosas reconocidas por muchas organizaciones internacionales, no políticas, logros sociales que tiene Cuba, pero para poder seguir manteniendo incluso eso yo creo que es necesario evolucionar en algunos aspectos”. […] A mí me parece que sería muy importante que levantaran el bloqueo. No solo sería importante para recomenzar las relaciones entre EE.UU. y Cuba, sino para hacer un replanteo de la vida interna de los cubanos. Eso nos ayudaría mucho también, creo yo”.
Con independencia de que se pueda estar o no de acuerdo con esa apreciación de Silvio, a todas luces no todos los medios presentes en la conferencia captaron —o tal vez no pudieron, ni quisieron— la dialéctica de ese planteamiento.
En algunas reseñas hubo elipsis forzadas, como quien trata de escindir el discurso y dar entender que Silvio se aparta de la línea, que pone distancia, sin comprender la íntima articulación entre un pensamiento crítico y una actitud genuinamente revolucionaria.
Tendrían que revisar cómo en toda la trayectoria artística y humana de Silvio ha habido una conducta ética en la que compromiso nunca ha significado obsecuencia, sino todo lo contrario: lucidez y responsabilidad.
Los televidentes que a esa hora siguieron la transmisión en vivo de la CNN le escucharon decir sobre el caso de los Cinco luchadores antiterroristas cubanos encarcelados en EE.UU.: “Pienso que estos que están acá, nosotros los llamamos Héroes, debieran estar libres. Llevan más de diez años presos, con condenas completamente absurdas; tengo entendido que con muchas irregularidades de sus procesos, porque fue un juicio con mucha incidencia política en el momento que ocurrió… Era un momento en el que había una crispación…”. Fue cuando se produjo la interrupción.
Como soy del gremio, sé que no hay preguntas indiscretas ni difíciles. La indiscreción o la dificultad la pone el entrevistado. De modo que ante la aparente ingenuidad de un reportero al indagar qué pensaba o sabía Silvio de Fidel, este le dijera: “Camina o corre, ¿no? Hay personas que lo han visto. Vieron a Fidel en la esquina de tal o de cual, eso se rumora… Pero él no ha vuelto a salir en público a menos que reciba a un visitante, un Jefe de Estado, un amigo personal… El está vivito… y coleando, y coleando”.
Y cuando, a sabiendas de que antes había abordado el tema, le preguntaron por la legislación antinmigrante aprobada por el estado de Arizona, no se arredró para contestar: “Pienso que es una ley controvertida, una ley dura, que prácticamente lo que desata es una persecución, mal pensada, mal concebida y que por eso ha despertado tal rechazo. Y me parece bien que se repudie porque no trata bien a los seres humanos”.
A fin de cuentas, Silvio va a ser juzgado, querido o malquerido por sus canciones. Pero nadie podrá decir que al manejarse con la palabra haya hecho la más mínima concesión, que se ha permitido el menor coqueteo. Como tampoco que haya herido a alguien o se haya pasado con fichas. Ante la prensa neoyorquina, no ha dejado de ser como es, como ha sido siempre.

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