La lógica de Trump es la sumisión: “si
aceptas sobrevives un poco más, si resistes te aprietan, si te opones o estorbas
te convierten en objetivo de intervención”
La
reciente participación del presidente Daniel Noboa en la cumbre "Escudo de
las Américas" en Miami ha dejado una imagen desoladora para la dignidad
nacional. Mientras Donald Trump, con su habitual arrogancia, calificaba al
español como un "idioma maldito" y sentenciaba que "no perdería
el tiempo aprendiéndolo", la respuesta de Noboa fue el silencio cómplice.
Esta actitud no es solo un desliz diplomático, sino un acto de vasallaje
cultural que acepta una jerarquía donde Ecuador es un simple subordinado de una
visión colonialista obsoleta.
Para
Trump, la región no es un socio con voz propia, sino un terreno de "caos y
matanzas" que debe ser administrado como su patio trasero. Al aceptar este
discurso de "fuerza letal" y tutela militar, Noboa valida la idea de
que somos incapaces de gestionar nuestra propia seguridad. Sin embargo, lo más
alarmante es que esta sumisión externa tiene su contraparte interna en un autoritarismo
prepotente. Noboa parece decidido a imponer el ajuste neoliberal del FMI a
sangre y fuego, instalando un estado policiaco para criminalizar a quienes se
oponen a su política antipopular.
Mientras
el presidente se codea con la derecha continental y firma convenios con el
Comando Sur para detener la influencia china, el Ecuador real se arruina. La
salud pública está en terapia intensiva: el Ministerio de Salud enfrenta un
déficit de 500 millones de dólares para medicinas e insumos básicos en este
2026. En el IESS, las citas se postergan meses para ser resueltas en diez
minutos, mientras se pretende despedir a 1,800 profesionales médicos en medio
de una crisis sanitaria. La educación no corre mejor suerte, con 50 mil
docentes atrapados en los nombramientos provisionales y la infraestructura
educativa desmoronándose.
Defender
la soberanía lingüística es también defender los derechos sociales: las
guarderías para nuestros niños, los centros gerontológicos y la atención a
personas con discapacidad. Cualquier gobernante entiende que el respeto mutuo
es la base de la seguridad. Al callar ante los insultos de Trump, Noboa no solo
no defiende nuestra lengua, sino que confirma que su prioridad es cumplir una
agenda de acatamiento mientras descuida la vida de los ecuatorianos.
No
permitamos que el autoritarismo de Noboa y el desprecio de Trump hipotequen
nuestro futuro. Acudamos al llamado de los trabajadores siendo parte de la
protesta nacional este viernes 13 de marzo. ¡Defendamos nuestra dignidad y
derechos!