domingo, 26 de febrero de 2017

Continuación o cambio de modelo de gobierno


Las elecciones realizadas el pasado 19 de febrero, en lo que respecta a la Presidencia de la República del Ecuador, según lo ha anunciado el máximo organismo electoral, se definirán el próximo 2 de abril en una segunda vuelta con los aspirantes Lenin Moreno y Guillermo Lasso.
Más allá de los absurdos que se han escuchado de lado y lado, una segunda vuelta para elegir al sucesor del Presidente Correa, es lo más sano para la democracia. A Moreno y a Lasso les corresponde dejar a un costado esa campaña al estilo circense y demagógica, para ofrecerle al pueblo ecuatoriano con mucha claridad sus propuestas. También corresponde a los medios de comunicación, dejar de entretener a la ciudadanía con la transmisión de escándalos políticos absurdos, noticias de crónica roja, programas de farándula grosera y violencia.
Uno y otro candidato están obligados a revelar las fuentes de endeudamiento para financiar el presupuesto nacional; a asegurarnos que se respetará la institucionalidad y autonomía de los organismos de control público y justicia; a garantizarnos el respeto a la libertad de expresión y de asociación; y a la plena vigencia de los derechos humanos.
La poca educación y cultura política de los ecuatorianos nos permite asegurar que el voto no se endosa. Por tanto, concierne a los partidos políticos y a sus líderes hacer públicas las definiciones respecto de apoyar la continuación de un modelo disque revolucionario y duramente cuestionado; o la posibilidad de un cambio de gobierno o reencuentro de la derecha con la administración individualista que impone el neoliberalismo.
Por otro lado, no considero que ahora se siga con denuncias proselitistas sobre el robo a los fondos del estado, ya tuvieron su espacio para ello. Ahora que ambos candidatos afirman que combatirán la corrupción, estas deben presentarlas con los respectivos respaldos y con nombres y apellidos ante las instancias respectivas. Los sentimientos de afectos o desafectos personales, no deben influir en la postura de quienes respaldaron las otras seis candidaturas o de los indecisos que seguramente hoy se multiplican.
En esta segunda vuelta, más allá de la continuación o no de un modelo de gobierno, están en juego las posibilidades de mejoramiento de las condiciones de vida de buena parte del pueblo ecuatoriano, de aquellos que el propio sistema ha marginado hipotecando sus esperanzas y sueños por la injusta distribución de la riqueza que el inhumano capitalismo impone.

viernes, 17 de febrero de 2017

El mal llamado capital político


Con las elecciones del domingo 19 de febrero, la democracia ecuatoriana y el país experimenta la culminación de una campaña elec­toral muy reñida, que en los últimos diez años no parecía serlo, por la seguridad del proyecto de la revolución ciudadana que ahora tambalea.
La mayoría de los ecuatorianos estamos conscientes que ahora no está en juego solo la victoria de uno u otro candidato. O si es la continuación o cambio de un proyecto de gobierno. Si la revolución ciudadana topó fondo. Si las agrupaciones progresistas y de izquierda recogen el sentir popular. O si la derecha por la ley del péndulo se hace del poder. Hoy los ciudadanos se cuestionan si los resultados de las próximas elecciones obligarán a los gobernantes triunfadores a modificar, entre otras cosas, la cuantía del endeudamiento externo, el destino del presupuesto nacional, la autonomía de las instituciones encargadas del control público y de la justicia. El respeto a la libertad de expresión, asociación y de los derechos humanos. Pero especialmente, el castigo a la corrupción.
En estas circunstancias, es importante que reflexionemos que en el Ecuador este fin de semana, no se pondrá fin a un modelo ni que nos abriga la esperanza de uno nuevo, porque en realidad será la continuación del mismo modelo, quizá sí, con un estilo diferente, y lo que los ecuatorianos aspiramos es un modelo más equitativo, solidario, soberano y respetuoso de la participación ciudadana y de las garantías que la Constitución franquea.
Ninguno de los candidatos ha aclarado como combatirá el mal llamado capital político, es decir la acumulación de poder e influencias para lograr grandes inmuebles y activos como aquellos que aparecen en los tumbados de las casas o en los paraísos fiscales, esos activos que provienen de los sobreprecios de obras públicas y que permite a los malos funcionarios, además de acaparar grandes sumas de dinero, incidir de forma significativa sobre la gestión de los asuntos públicos y manipular a los ciudadanos en los procesos electorales.
Finalmente, queda a los ciudadanos ecuatorianos que constan en el padrón electoral, valorar y decidir sobre la oferta política de los ocho candidatos presidenciales y de más de tres mil aspirantes entre principales y suplentes para la Asamblea Nacional y el Parlamento Andino, que como si tratara de una elección circense, hoy aparecen jugando con niños, besando enfermos y ancianos o recorriendo los sectores populares que ellos mismos han marginado.

viernes, 10 de febrero de 2017

Conciencia popular para castigar la demagogia


Demagógicamente los candidatos nos ofrecen el paraíso en forma de leyes y programas poco probables, como la creación de un millón de plazas de trabajo, disminución de impuestos, libre ingreso a la universidad, eliminación de la corrupción, etc., etc.
Falsedad total, con cualquier gobierno, más aun si es de derecha, la situación actual seguirá igual o peor para las mayorías populares. El doctor Hernán Acevedo Cortes refería que “La inmundicia electoral no soluciona nada. Solo la unidad popular y la acción de los trabajadores, lograra imponer sus reivindicaciones”.
Han pasado casi cuarenta años desde la última dictadura y diez de la revolución ciudadana. En este tiempo la mayoría de los partidos nos han demostrado que sus programas y principios solo han servido para que un grupo de mentes lucidas salieran de la pobreza y del país. No olvidemos que buena parte de quienes cogobernaron desde los años ochenta, son parte de este gobierno.
En nuestro país, no existirá desarrollo en tanto predomine la explotación burguesa y el sometimiento de los gobiernos de turno a los intereses de la empresa privada y de las transnacionales. Los sectores populares creyeron que la revolución ciudadana cambiaría su situación, que de la democracia representativa se pasaría a la democracia participativa, se equivocaron, nos equivocamos.
Penoso es, observar en este periodo de campaña, a ciertos dirigentes sindicales y políticos que ayer se decían de izquierda, hoy luego de haber prostituido sus principios, se presentan como los nuevos candidatos, como los nuevos ricos. Ahora nos ofrecen legislar a favor de los menos favorecidos. Estamos llenos de leyes, sin embargo para el pueblo nada cambia. Por el contrario, cada día que pasa la situación económica para los obreros, maestros, trabajadores campesinos, jubilados, para los sin empleo, etc., es cada vez más difícil y el anhelado buen vivir se esfuma.
Nos hablan del cambio de matriz productiva, de un país industrializado, imposible, mientras los hidrocarburos, la minería, y la electricidad la controlen las transnacionales socias de la revolución ciudadana, y a quienes se ha hipotecado la explotación de todos nuestros recursos naturales, no habrá tal cambio.
Lo cierto es que al avecinarse el día de las elecciones, queda en las manos y en la conciencia popular, castigar a quienes no quieren soltar la administración pública y a quienes quieren regresar a ella, porque que de eso viven engatusando y engañando a las mayorías empobrecidas.

viernes, 3 de febrero de 2017

Pobreza y corrupción tema central de proselitismo


A más de un candidato y candidata a asambleísta he escuchado decir que ha sido invitado a participar por tal tienda política sin ser afiliado. Uno de ellos aclaraba, que el mundo actual es complicado y la realidad dista mucho de las ideas. Que la gente no quiere ideologías sino pan.
Efectivamente, por simple razonamiento concluiremos que la realidad responde a una interpretación justa de los hechos y fenómenos en un contexto concreto, que dejarnos impresionar por lo aparente nos lleva a conclusiones erróneas.
Ciertos “políticos” repiten que las ideologías llegaron a su fin, y que como resultado de ello, hoy impera el “pensamiento único”, el pensamiento neoliberal que los “vivísimos” de la política se aprovechan para ofrecerle pan al pueblo pobre, olvidando la frase bíblica que “no sólo de pan vice el hombre”.
El neoliberalismo, en su afán de fortalecer la pseudo democracia del voto, inventó la personalización de la política, haciendo creer con estereotipos al electorado, que hay que votar tomando en consideración las cualidades y habilidades del candidato y no el partido, ni sus principios. Es decir, lo importante es la imagen y no la viabilidad de la propuesta o plan de gobierno.
Es lamentable que en la situación actual del Ecuador, esta falacia empiece a tomar fuerza por las severas dificultades económicas que vive buena parte del pueblo ecuatoriano, para quienes, la principal preocupación no es el tipo de gobierno o de presidente que tienen, sino que su objetivo principal es la sobrevivencia económica, por lo que no votan a favor de, sino en contra de.
Así los ciudadanos que aspiran mejorar sus condiciones de vida, ve en las campañas electorales una oportunidad para obtener un beneficio inmediato, que incluso llega a la necesidad de vender su voto al mejor postor. Al parecer no ha concluido aún, la época en que encuestas antojadizas y arregladas direccionaban el voto, o una borrachera pagada por los candidatos era suficiente para votar por él o por su partido.
Lo cierto es que los candidatos de allá y de acá, han retomado la pobreza y la corrupción como tema central de su proselitismo. Para unos el escenario político y social es color de rosa y verde agüita. Mientras que para otros, se ha utilizado la pobreza para cambiar el estatus económico de ciertos iluminados que creen han encontrado la llave de la felicidad.

viernes, 27 de enero de 2017

La democracia es como el amor


En cierta ocasión escuche del Profesor David Pacheco Ochoa, que la democracia, “es como el amor, mientras te sonríe no nos damos cuenta de sus simplezas, solo cuando nos falta, sentimos como duele su ausencia”.
A menos de un mes del evento electoral ecuatoriano, se hace más evidente que la democracia burguesa o representativa como la pinta el sistema, se parece más al amor. Al igual que nos invade la angustia por no conocer bien a la media naranja, así nos llenamos de angustia cuando se acerca la hora de decidir nuestro futuro y no conocemos con claridad las propuestas de los candidatos, lo cual se vuelve más angustioso al vernos obligados a creer ciegamente en alguien.
En la democracia como en el amor, es preciso reconocer la diversidad de opiniones y los sentimientos del otro, de la otra. Ese reconocimiento, en el caso de la democracia nos conduce a tener una visión más clara del mundo, la cual es siempre cambiante y se enriquece con el debate, incluso con el conflicto.
El profesor Pacheco refería que en la democracia como el amor hay que tomar en serio y con respeto el pensamiento del otro, pero que respetar no implica que nos resignemos a aceptar o perdonar sin antes reconocer el hecho de que los seres humanos tenemos intereses diferentes, sin antes discutir, sin agresiones, sin violencia, sin ofensas, más bien aprovechando los puntos de vista diferentes y sus errores. 
A lo largo de la historia la burguesía nos ha impuesto una democracia representativa, que consiste en que periódicamente los ciudadanos somos convocados a elegir entre distintos nombres que venden su imagen haciéndonos creer que son los que mejor nos representarían. Durante la campaña electoral los ciudadanos sufrimos el condicionamiento de la propaganda mediatizada y subliminal financiada por quienes reclaman la reelección o por los oligopolios al servicio de los sectores de la burguesía opositores al gobierno de turno. 
La democracia como el amor es el resultado de una conquista previa. En el caso del amor los resultados los decide el corazón luego de pasar la prueba de la duda, de la duda sobre uno mismo. En la democracia los resultados electorales son manoseados por encuestas pagadas, con la compra de votos y otras formas de fraude que pretenden virar la opinión de los ciudadanos. 
Por eso, como se dice en un matutino radial, pongamos en práctica la frase: los lojanos no votamos, decidimos.