viernes, 8 de agosto de 2025

La educación es un derecho que se construye desde el aula

“Educar es un acto profundamente político, un ejercicio de amor y valentía” P. Freire

  El Ministerio de Educación, al reconocer que muchas familias escogen escuelas guiadas por lógicas de prestigio social entre comillas, implementó la sectorización de matrículas. Si bien esta medida intenta equilibrar el acceso, no enfrenta el problema de fondo, la vulneración de los derechos de la niñez. Desde la perspectiva de Paulo Freire y las luchas de la Unión Nacional de Educadores, esta realidad nos interpela profundamente; ¿cómo hablar de equidad cuando el régimen condena a los hijos del pueblo a una enseñanza empobrecida y vigilada?

Paulo Freire nos enseñó que no hay educación neutral: “o se reproduce la dominación o se apuesta por la liberación”. El sistema educativo ecuatoriano, saturado de controles y rankings de calidad, ha olvidado al sujeto que aprende. Mientras tanto, los docentes son tratados como operadores técnicos, sometidos a cargas burocráticas que sofocan su creatividad y su vínculo pedagógico con los estudiantes. Este no es un problema técnico: es político. Y solo una pedagogía crítica, acompañada de una organización docente fuerte como la UNE, puede transformarlo desde abajo.

El currículo, saturado de contenidos y desconectado de las realidades sociales, impide pensar, crear, dialogar. ¿Cómo hablar de calidad si no hay tiempo para la pregunta, el asombro, la relación humana? La verdadera calidad educativa nace en la escuela como comunidad, no en los escritorios ministeriales. Freire decía que enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las condiciones para su producción. Pero eso exige autonomía, confianza y diálogo, no obediencia ciega a matrices homogéneas.

La UNE lo ha dicho con firmeza: el saber docente no debe ser objeto de persecución ni de una fiscalización tecnocrática que reduce la educación a números e indicadores vacíos. Enseñar es una tarea profundamente humana, una construcción colectiva, crítica y comprometida con el pueblo. No se trata de maquillar estándares impuestos desde organismos externos, sino de devolver dignidad, respeto y autonomía a la labor docente. Es fundamental confiar en quienes, con vocación, compromiso y resistencia cotidiana, sostienen la escuela pública como espacio de transformación social y defensa de los derechos colectivos.

Hoy el magisterio ecuatoriano, necesita unidad gremial, conciencia de clase y defensa activa de la educación pública. No permitamos que el autoritarismo silencie nuestra voz.

viernes, 1 de agosto de 2025

Despidos, sumisión al FMI y resistencia popular

   Daniel Noboa, cumpliendo obedientemente la receta del Fondo Monetario Internacional, ha iniciado una nueva ofensiva neoliberal en Ecuador. El despido de 5.000 empleados y trabajadores públicos no es un simple ajuste técnico, es un ataque frontal a la clase trabajadora, a la estabilidad de miles de familias y a la soberanía nacional. Y lo peor está por venir, se prevé una evaluación punitiva con la que el gobierno bajo el disfraz de “eficiencia y racionalización del gasto”, amenaza con despedir a 40.000 trabajadores más. Frente a esto, la indignación crece, y con ella, se avecinan nuevas movilizaciones populares.

Hoy la oligarquía ya no necesita tanques ni bayonetas para derrocar gobiernos progresistas, ahora se impone con tecnócratas, préstamos condicionados y discursos mediáticos bien engrasados. Daniel Noboa no gobierna para el pueblo, sino para las élites económicas. A sabiendas que las recetas del FMI, nunca han mejorado las condiciones de vida del pueblo, cumple las órdenes de los dueños del capital, condenando al país a más dependencia, más desigualdad y menos futuro.

Hoy el neoliberalismo no se muestra con rostro agresivo, sino como “progreso, modernización o reforma necesaria”. Pero bajo esa máscara se esconde lo de siempre: despidos masivos, privatización de lo público, reducción de derechos laborales y empobrecimiento de las grandes mayorías. La lógica es perversa, mientras despiden a trabajadores, aumentan los beneficios para grandes empresarios, banqueros y organismos internacionales; como el milagro de la Exportadora Bananera Noboa, que de la noche a la mañana disminuye la deuda con el SRI de 93 millones de dólares a 21 millones. Así de fácil, el Estado deja de servir al pueblo para convertirse en gerente de intereses privados.

En este contexto, la lucha no solo es económica, es también por la conciencia. La derecha persuade al pueblo con la idea de que “no hay alternativa y que el éxito está en la inversión extranjera”. Pero esas son mentiras diseñadas para perpetuar el saqueo. Frente a estos atropellos, la resistencia no es solo legítima, es urgente y necesaria. El pueblo ecuatoriano tiene historia de lucha. Los trabajadores, campesinos, mujeres y estudiantes, ya han derrotado políticas similares y volverán a hacerlo.

Las calles nuevamente serán escenario de protestas. Porque cuando nos arrebatan el trabajo, la educación, la salud y la seguridad; respondemos con unidad y rebelión como un acto de dignidad.

 

domingo, 27 de julio de 2025

Geopolítica: La clase trabajadora frente al nuevo desorden geopolítico mundial

Porque el futuro debe ser escrito por los pueblos que luchan, no por quienes lucran con el caos y la pobreza.

 La humanidad vive una nueva etapa histórica marcada por una profunda reconfiguración del poder global y el agotamiento del modelo neoliberal. El espejismo de una globalización pacífica, guiada por el libre mercado, se ha desvanecido bajo el peso de guerras, crisis económicas, colapsos ambientales y una renovada ofensiva genocida. En este escenario convulso, la clase trabajadora mundial no solo es víctima de estas transformaciones, sino también el sujeto con mayor potencial para revertirlas. Para ello debe superar la fragmentación impuesta por el capital y asumir un rol activo en la construcción de un nuevo orden justo y democrático.

La guerra en Ucrania persiste, transformada en una guerra prolongada por intereses geopolíticos cruzados entre Rusia, la OTAN y EE-UU. El genocidio del pueblo palestino en Gaza, tiene decenas de miles de muertos y una crisis humanitaria sin precedentes, lo que revela la complicidad de las potencias occidentales y la ineficacia del sistema internacional. En Asia las tensiones entre China y EE-UU por Taiwán se agravan, mientras los BRICS desafían el dólar y ensayan nuevas alianzas solidarias.

Estas disputas no se limitan a los despachos diplomáticos. Sus efectos golpean a los pueblos con inflación, escasez de alimentos, crisis energética, migraciones masivas, recortes sociales y deterioro de las condiciones laborales. La transición energética, dominada por grandes corporaciones, se realiza a costa de territorios indígenas, sin justicia climática.

A la par, el crimen organizado se convierte en actor geopolítico, especialmente en América Latina. Narcotráfico, minería ilegal, trata de personas y contrabando conforman redes transnacionales que desestabilizan gobiernos y militarizan la vida cotidiana. Las respuestas estatales, centradas en la represión, solo refuerzan el castigo a los pobres y encubren la desigualdad estructural.

En este contexto, urge levantar una geopolítica popular desde abajo: articulada por sindicatos combativos, movimientos sociales, comunidades indígenas, feminismos y juventudes organizadas. Es necesario disputar los bienes comunes, resistir el neocolonialismo y construir un horizonte de justicia social, democracia real y soberanía para los pueblos.

Frente al resurgir del fascismo global, que impone el genocidio y el odio como orden; la clase trabajadora debe responder con conciencia, organización y poder popular internacionalista. Porque el futuro debe ser escrito por los pueblos que luchan, no por quienes lucran con el caos y la pobreza.