sábado, 9 de noviembre de 2024

Donald Trump, la tarea es el expansionismo económico y militar de EEUU

La narrativa del poder en Estados Unidos es compleja, especialmente al considerar figuras como Donald Trump y Kamala Harris, quienes representan visiones diferentes, pero operan dentro de un sistema donde el poder real no siempre reside en la presidencia. Donal Trump, presidente de 2017 a 2021, introdujo un estilo polémico y directo, mientras Harris aspiraba hacer historia como la primera mujer presidenta. No obstante, ambos estaban y están condicionados por una estructura de poder dominada por el complejo militar-industrial y la industria armamentista, que ejercen una influencia profunda sobre la política nacional y exterior.

Esta influencia trasciende a las administraciones individuales de los presidentes republicanos o demócratas, desde Ronal Reagan hasta Joe Biden, han adoptado políticas de intervención exterior alineadas con los intereses del complejo militar-industrial, justificadas a menudo bajo el pretexto de defender los derechos humanos o combatir el terrorismo en regiones estratégicas. Aunque Trump promovió el lema “América Primero” durante su mandato, no disminuyó el presupuesto militar ni la influencia de dicho complejo, beneficiando en última instancia a estas industrias.

Kamala Harris, hubiese centrado sus políticas en el ámbito social y de derechos civiles. Sin embargo, era improbable que desafíe la influencia del complejo militar-industrial. Las prioridades del Pentágono y sus aliados se alinean con una política exterior intervencionista y hegemónica, sin importar el partido en el poder. Así, con republicanos o demócratas, es probable que otros países vean una continuidad en la expansión económica y militar de EE.UU.

Con seguridad, Donal Trump impulsará desde el Pentágono la industria armamentista, cuyos efectos son devastadores en países en desarrollo. Por ello, el verdadero desafío para la comunidad internacional no es quién ocupa la presidencia, sino la influencia del complejo militar-industrial sobre las decisiones estadounidenses, relegando a los presidentes a un papel secundario. El autoritarismo de Donal Trump no se desviará de la política exterior establecida hacia Cuba, Venezuela, Nicaragua, Vietnam, Taiwán y sobre todo de los conflictos en Ucrania y Medio Oriente, donde se apoya el genocidio de Israel contra el pueblo palestino.

Un ejemplo de esa influencia autoritaria es el bloqueo a Cuba, bloqueo que afecta gravemente a la vida y economía del pueblo cubano. Esta práctica Donal Trump la sostendrá a pesar de las resoluciones de la ONU condenando y exigiendo el fin del cerco político que EEUU mantiene por más de 60 años contra la isla.

jueves, 31 de octubre de 2024

Día del Escudo Nacional

La celebración del Día del Escudo Nacional se enlaza profundamente con el concepto de causas populares y educación emancipadora al subrayar la importancia de recordar y respetar los símbolos patrios en las escuelas y colegios. Los emblemas nacionales, como el Escudo, la Bandera y el Himno, no solo representan la identidad ecuatoriana, sino también las luchas históricas del pueblo por la soberanía y la libertad. La educación sobre estos símbolos permite a los estudiantes conectarse con su historia y entender el sacrificio de los próceres que construyeron la nación, lo que fortalece el compromiso hacia una ciudadanía consciente y participativa.

La educación emancipadora se enfoca en formar individuos que cuestionen, analicen y actúen en su realidad para generar cambios significativos. Al enseñar sobre el Escudo Nacional y su evolución, se fomenta una comprensión crítica de la historia y de los procesos de independencia y soberanía, destacando los valores de libertad y justicia que guiaron a figuras como Eugenio Espejo, Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, Juan Montalvo, Eloy Alfaro entre otros personajes patriotas. Eloy Alfaro, figura emblemática del liberalismo y la lucha contra la opresión, fue quien en su gobierno consolidó el Escudo actual en 1900.

Esta conmemoración en las escuelas y colegios suele competir con la celebración extranjerizante de Halloween, por eso es necesario hacer un análisis crítico para desequilibrar las influencias culturales externas con las tradiciones nacionales. En este sentido, la educación emancipadora y las causas populares abogan por la valoración de la cultura y las luchas propias de Ecuador, evitando que se diluyan ante costumbres ajenas. Enseñar sobre el Escudo y su simbolismo permite a los estudiantes desarrollar una identidad sólida y un sentido de pertenencia, además de promover la conciencia sobre la importancia de defender y valorar lo propio.

El acto de recordar el Escudo como símbolo de lucha y resiliencia conecta con las causas populares, que históricamente han sido movimientos del pueblo ecuatoriano en defensa de sus derechos y su identidad. Recordar estas luchas en un contexto educativo inspira a los estudiantes a comprender la importancia de sus raíces y a empoderarse para construir una sociedad solidaria y más justa . La enseñanza de estos valores, enmarcada en la educación emancipadora, no solo honra la memoria histórica, sino que también motiva a los jóvenes a contribuir al desarrollo del país desde una perspectiva crítica, solidaria y profundamente patriótica.

viernes, 25 de octubre de 2024

La educación tradicional invisibiliza las raíces estructurales de las injusticias

    La educación, desde una visión liberadora, es mucho más que un simple proceso de transmisión de conocimientos. Se trata de una poderosa herramienta de configuración de la conciencia social y política, cuyo potencial transformador puede desafiar las estructuras de poder que perpetúan la opresión y las desigualdades. En este sentido, la lucha contra las injusticias sociales no se limita a la economía o la política, sino que encuentra en la educación un espacio central para el cambio.

El Ecuador vive una crisis que es la manifestación de las contradicciones inherentes al sistema capitalista. Esta crisis no solo es económica, sino que también es de carácter social y moral, resultado de un modelo que perpetúa la explotación y la opresión de la clase trabajadora en favor de una élite minoritaria. La educación, bajo este sistema, ha sido utilizada históricamente para mantener el statu quo, al servicio de los intereses de las clases dominantes.

El sistema educativo imperante actúa como un mecanismo persuasivo que lejos de ser neutral, inculca de manera subliminal la ideología del gobierno de turno. Valores como la competencia, el individualismo y la meritocracia refuerzan una lógica capitalista que legitima las desigualdades sociales. Se promueve el éxito empresarial sin reconocer las desigualdades estructurales que permiten que algunos asciendan socialmente mientras otros por la falta de trabajo permanecen en situaciones precarias.

Esta visión capitalista invisibiliza las luchas de clases y amplía la brecha entre ricos y pobres, presentando los problemas sociales como cuestiones individuales y no como el resultado de un sistema injusto. La educación tradicional no fomenta la reflexión crítica sobre estas realidades e impide que las personas reconozcan las raíces estructurales de las injusticias.

Desde una perspectiva emancipadora, es urgente transformar el sistema educativo en un espacio de resistencia y cambio social. Las luchas populares por la justicia social y los movimientos sociales deben ser parte del currículo, permitiendo a los estudiantes comprender que la lucha por una sociedad más equitativa es un proceso continuo.

En este contexto, el rol de los educadores vanguardistas es crucial, deben ser agentes de cambio que capaciten a los estudiantes para desafiar el poder y luchar por un mundo más justo. Solo a través de una educación crítica es posible formar individuos que reconozcan las injusticias y se movilicen para construir una sociedad donde prevalezcan la equidad y la justicia social.