sábado, 17 de febrero de 2024

Relato de una maestra abnegada

    Recién me hicieron referencia a una profesora que puede llamarse Laura, Alexandra, Yolanda, Mercedes… “Una maestra tan abnegada que sus alumnos aprenden casi sin darse cuenta y con alegría”. Tan buena es esta profesora que muchas veces se hace invisible y sus discípulos continúan trabajando sin que ella esté presente. Pero eso sí, cuando los estudiantes la necesitan siempre está allí.

Una maestra afable, de sonrisa ligera pero permanente, siempre atenta a los pequeños detalles y a los gestos de reconocimiento. Despierta y entusiasta porque su profesión coincide con su vocación. Recuerda el nombre de cada uno de sus estudiantes y también conoce sus virtudes y sus defectos, lo que le permite orientarlos para conseguir lo mejor de ellos como personas y como ciudadanos.

Una profesora con la capacidad de embelesarlos contándoles el cuento más fantástico del mundo y, al mismo tiempo, sorprendiendo con su dominio de los métodos de enseñanza y las pedagogías más emergentes. También a sus compañeros de escuela, los escucha, ayuda y anima y, “cuando puede los embarca en los más diversos proyectos para innovar la manera de enseñar en su escuela.” Me dijo que así es esta profesora y, ¿qué si conozco otras como ella?

Creo que todos los maestros y maestras tenemos muchas de las cualidades y habilidades de Laura. Pero me niego a pensar que no podemos ser como ella o que existan pocas Laura. No conseguiremos un cambio educativo si solo somos quijotes de la educación. Todo esto tiene sentido por una razón sencilla: Laura es lo que es, se siente maestra, vive con eficacia educativa la entrega diaria a sus alumnos, se muestra apasionada con su vocación, y comparte su experiencia educativa con sus compañeras.

He conocido a muchas “Laura”, sin embargo, a los docentes nos corresponde buena parte de los éxitos y fracasos educativos. Si permanecemos en la comodidad y enajenados de la problemática socio educativa, seremos cómplices de la manipulación política de los estudiantes y la sociedad. Por fortuna, hay maestros y maestras que son un poco más que la profesora “Laura”. Les preocupa el discurso oficial, por eso se responsabilizan en la formación de hombres y mujeres críticas capaces de comprender que las diferencias e inequidades sociales son parte del conflicto permanente entre los intereses de la burguesía y los intereses de la clase obrera.

En mi escuela conocí muchas “Laura”, que además de “despiertas y entusiastas”, sabían que la imposición de un modelo, de cualquier modelo vertical e individualista, deshumaniza y despersonaliza la labor docente y la formación de los estudiantes. Siempre acudían al dialogo mutuo para intercambiar experiencias y experticias. Desde luego que, para madurar ese espíritu de mejora, hay que educar para la emancipación y disfrutar del trabajo en las aulas.

Seguro mañana mis compañeros y compañeras compartirán con sus estudiantes este relato: lo harán “siendo Laura” entre ellos; “siendo” Laura con ellos; y “siendo” Laura para ellos.

viernes, 9 de febrero de 2024

La narcoviolencia golpea la calidad educativa

 

Con frecuencia al hablar de la calidad de la educación se piensa casi exclusivamente en los aprendizajes que los estudiantes alcanzan mientras permanecen en las aulas, sin embargo, la calidad educativa también tiene que ver con la existencia de ambientes sanos para la coeducación, es decir, que además de los objetivos escolares hay que propiciar la generación de ambientes físicos e interaccionales saludables.

La Unión Nacional de Educadores denunció el ingreso de personas armadas a las clases virtuales. Suceso que el Ministerio de Educación reconoció haberse dado en varias provincias, minimizando las amenazas dijo que hará un seguimiento para establecer protocolos de seguridad. El hecho es que, padres y madres de familia pidieron al gobierno que las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional hagan patrullajes permanentes a fin de garantizar las condiciones adecuadas al momento de regresar a la modalidad presencial.

En diciembre del año anterior en Guayaquil se conoció el asesinato del profesor Galo Balseca, acto realizado presuntamente por estudiantes. Y más reciente, el jueves 8 de febrero, en Manabí se reportó el secuestro de los profesores José Albán y Tania Carriel.  

Para nadie es desconocido que en los últimos tiempos los niños de escuelas y colegios reproducen esquemas de violencia, convirtiéndolos en parte de la vida cotidiana y provocando la extorsión hacia sus compañeros y maestros, o bien involucrándose en pandillas que al igual que en las cárceles, al interior de los planteles controlan ciertos bloques de aulas para el despojo de pertenencias, venta de drogas al menudeo e incluso para el cobro de vacunas.

La verdad es que este complejo problema hay que verlo más allá de la visión inmediata, la del miedo a la violencia. Es necesario escarbar las raíces de la desorganización brutal y continua de la familia y del sistema social que ha perdido la integridad de los valores humanos. Esta desorganización que al interior de las escuelas crece debido al deterioro de los lazos de confianza y apoyo dentro y fuera de los hogares, lo que hace que los jóvenes vean más fácil acercarse a personas antisociales y, hasta sentir cierta admiración por delincuentes y capos que el Estado ha convertido en “líderes”.

Los medios de comunicación han profundizado en cómo la violencia relacionada con la guerra contra el narcotráfico ha permeado la vida escolar y como las escuelas se han visto afectadas por grupos criminales vinculados al narcotráfico, poniendo a prueba la capacidad de consolidarse como instancias de formación. Estas magras condiciones han hecho crecer la desesperanza, el sentimiento de inseguridad y el malestar del profesorado, lo que hace que todo esfuerzo parezca ser insuficiente. Lo cual no significa que los docentes hayan abandonado su responsabilidad de educar.

Finalmente, el aumento de la narcoviolencia ha sorprendido a toda la comunidad educativa denotando una falta de preparación para responder ante la inseguridad, de tal manera que el narcotráfico ha venido a redefinir la calidad educativa y las condiciones de sobrevivencia en los planteles escolares.

sábado, 3 de febrero de 2024

Aquí y allá se azuza el desprecio y el odio

     Desde el Norte, el país de las oportunidades, el país del sueño americano, sueño, porque hay que estar dormido para no darse cuenta que desde el norte se mueven los hilos de lo que pasa en este mundo, y donde se decide qué pasará con la vida de millones de personas. Desde allá se trazan planes perversos para empobrecer a los pueblos, someter a gobiernos a su voluntad, aprovecharse de los recursos naturales y encender guerras en diferentes partes del mundo.

Aquí, mientras trabajadores y empleados afortunados miran el reloj para no llegar tarde a sus labores, otros miles de hombres y mujeres buscan trabajo para llevar el pan a sus hijos, exigiendo además educación, salud y seguridad en las calles. Aquí en cambio desde la Asamblea Nacional en complicidad con el presidente Noboa se proponen subir los impuestos bajo el pretexto de financiar una guerra contra la delincuencia organizada, mal que ellos mismos, los gobernantes de turno, dejaron crecer y enquistar en las más altas esferas de la administración pública y privada.

Allá, donde de pequeño me dijeron que era “la tierra, bendita y divina, la Palestina, donde nació Jesús de Nazaret”, allá donde cientos de mujeres no saben el momento exacto en que empezarán a caer más bombas criminales, ni si alguna caerá sobre sus casas haciéndolas pedazos. Allá donde el azar no es el de Las Vegas sino el de las balas, allá donde el sudor frío y la angustia escarban los escombros con la esperanza de rescatar a niños, hijos y hermanos, a mujeres y ancianos enterrados bajo las ruinas del genocidio, allá no bastan sus fuerzas ni su anhelo de encontrarlos. Y si bastaran, Israel con la venia de EEUU tampoco lo permitirían.

Aquí escribo y a veces hasta me molesto por el poco compromiso de ciertos trabajadores y de no pocos maestros y maestras que a la hora de defender sus derechos muestran su conformismo ante los atropellos del gobierno. Aquí, tengo el pensamiento terrible de que en las calles hay tantos hambrientos como crímenes. Allá, en la Franja de Gaza, muchas madres mueren junto a sus tiernos hijos porque los israelitas cortaron la energía eléctrica y no funcionaron quirófanos ni incubadoras. Allá y aquí azuzan el odio hasta lograr que unos y otros deseen la muerte de sus hermanos.

El aquí y el allá, no son mundos diferentes. Aquí y allá se vulneran derechos como la libertad, dignidad humana, salud, educación, trabajo, expresión, seguridad. Aquí, Noboa quiere agudizar la pobreza y el colonialismo con más impuestos, elevación del precio de los combustibles, despidos de trabajadores y reducción de salarios. Allá, en Palestina, el sionismo quiere exterminar a todo un pueblo, matándolo de hambre y bombardeando hospitales y escuelas. Al final, ambos mundos son infiernos donde como siempre pagan las clases menos favorecidas.

Aquí y allá, es urgente forjar la solidaridad y la unidad popular. Ojalá no nos gane la indiferencia.