lunes, 11 de septiembre de 2023

Allende: faro de América

Tomado de: Jornada de México // Editorial del lunes 11 de septiembre de 2023 // pág, # 8

"...más temprano que tarde, de nuevo (se) abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor"

Hoy se conmemoran 50 años de la traición de las fuerzas armadas chilenas a su pueblo y del cobarde asesinato de uno de los más insignes próceres latinoamericanos, el presidente Salvador Allende Gossens. Esta fecha no es ni puede ser una efemérides más en el calendario cívico, pues encarna tantos significados y consecuencias que bien puede hablarse de una historia mundial antes y después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Aquel día no se dio un simple cambio de régimen en un país del tercer mundo: el derrocamiento del gobierno elegido democráticamente, ejecutado por los militares chilenos y organizado por ellos, los más importantes empresarios del país y el gobierno estadunidense de Richard Nixon, selló el destino de la región y de la práctica totalidad del planeta de formas que incluso hoy resulta difícil asimilar.

Allende fue un líder único en la conjunción de sus cualidades: aunó una sensibilidad humana pocas veces igualada con una inteligencia excepcional, una integridad incorruptible, una perseverancia infatigable y una congruencia sin tacha, hasta el extremo de sacrificar su vida como último acto de lealtad a sus conciudadanos. Al llegar al gobierno en 1970, puso en marcha un ejercicio hasta entonces inédito en la historia: la construcción del socialismo dentro del marco de la democracia liberal. La gesta que encabezó entrañaba equilibrios delicadísimos, ya que exigía rebasar los marcos del reformismo socialdemócrata, que siempre termina claudicando o mimetizándose con los poderes fácticos, sin desmantelar la estructura jurídico-institucional erigida por las élites como muro de contención a la voluntad popular. Contra todo pronóstico, su movimiento salió airoso de ese cometido: nacionalizó la industria del cobre (principal fuente de ingresos del país); concretó la reforma agraria, que fue el gran pendiente de todas las revoluciones de independencia en América Latina; estatizó la banca y creó un sector económico social como contrapeso al mercado. Todo ello con un respaldo democrático inobjetable que le permitió ganar las elecciones municipales de 1971 y las de medio término en marzo de 1973.

Incapaz de frenarlo en las urnas, la oligarquía chilena conspiró con la CIA y la Casa Blanca para derrocarlo. Washington impuso un bloqueo económico como los que hoy sostiene contra Cuba, Venezuela y otras naciones dignas que no se le someten; el empresariado creó una escasez artificial de mercancías para instigar al pueblo a sublevarse; los medios de comunicación transmitieron una narrativa completamente falaz de los acontecimientos, y el Poder Judicial le dio a la derecha las victorias que no conseguía mediante el voto. No es ninguna coincidencia que estas maniobras se asemejen a las desplegadas contra los gobiernos progresistas en la actualidad, pues el “método chileno” diseñado por personajes tan siniestros como Henry Kissinger se convirtió en un manual de desestabilización para las derechas del continente.

Con el asesinato de Allende y la imposición de la dictadura militar en Chile, los genocidas liderados por Augusto Pinochet instauraron un golpismo permanente: no sólo desgarraron a la sociedad chilena de un modo tan profundo que 50 años después sigue sometida a las leyes y la ideología de los generales y los empresarios homicidas, sino que demostraron a las oligarquías de todo el mundo que era posible restaurar el poder de clase que habían perdido en décadas de luchas obreras a favor de los derechos sociales y el Estado de bienestar. Después de que la nación andina fue usada como laboratorio del modelo neoliberal, éste fue adoptado por Londres y Washington y, desde ahí, impuesto al resto de la humanidad mediante una combinación inextricable de propaganda mediática, guerras financieras y violencia armada.

Salvador Allende trabajó hasta su último aliento para dar vida a una de las más nobles causas, la de la emancipación del pueblo de las cadenas de la ignorancia, la tiranía y la pobreza. Su trágico final nos deja la doble lección de que es posible construir la justicia social a través de una democracia bien entendida como realización de la voluntad popular, y de que es imprescindible crear mecanismos sociales de defensa ante la agresión oligárquica e imperialista.

sábado, 9 de septiembre de 2023

Maestros con la mirada puesta en el futuro de la sociedad (parte 2)

“Para el empresario capitalista las instituciones de enseñanza […] son fábrica de conocimientos donde los docentes son simples asalariados” Karl Marx

En la década de 1840 Karl Marx catalogó de proletario al obrero porque lo único que tiene para venderle al capitalista, es la fuerza de trabajo a cambio de un salario, porque es carente de propiedad privada sobre los medios de producción. Cuando se habla del proletariado se alude en primer término a los trabajadores, campesinos, artesanos, y a otros que se consideran de “profesiones liberales”, entre los cuales se incluye al profesorado.

El sociólogo estadounidense Harry Braverman, comenta que existe una clara “descualificación laboral” de la clase magisterial al pretender aumentar la calidad de la enseñanza aumentando el número de alumnos en el aula y al mismo tiempo reduciendo la inversión en el sistema educativo. Algo similar sucede en la actualidad, desde el Ministerio de Educación se exige al maestro subordinarse al cumplimiento de horarios que contradicen la LOEI y de currículas trabajadas desde la parte posterior de escritorios de tecnócratas y plutócratas ajenos a las necesidades educativas de las comunidades y del país.

Siempre los gobiernos de turno procuraron quebrar la organización gremial, pero con mayor inquina, fue durante el correato, que, al profesorado o trabajadores de la educación, se les impuso ser parte de gremios paralelos, mediante la desideologización, sometimiento y servilismo al gobierno; se llegó al absurdo de decretar la pérdida de control sobre los procesos de enseñanza e incluso la incapacidad de movilizarse por sus derechos, sembrando conformismo como forma de “proteger el trabajo”.

La pretendida despolitización recetada desde la CIA y el FMI, es muy peligrosa para la sociedad y para los maestros, puesto que implica la pérdida de participación en la defensa de sus derechos, el docente ya no decide sobre nada, todo le llega desde fuera y por arriba -a veces abusivamente por los directores o rectores-, se le destina una asignatura con una meticulosa programación de tiempos y contenidos lejos de una educación emancipadora, además los docentes deben dedicarse a llenar una serie de papeles innecesarios en los que gasta gran parte del tiempo que antes destinaba a sus labores pedagógicas.

De esta forma, no solo está siendo descualificada la profesión, sino que los profesores son proletarizados. Así, en los hechos la escuela se está convirtiendo en una parcela de la cadena de producción, en la que, los docentes “pertenecen y responden a la vez a los intereses de la pequeña burguesía; y un poco menos a los intereses de la clase obrera”. En ese sentido, la desideologización es preocupante, porque conlleva la frustración de sus expectativas de desarrollo profesional y la pérdida del sentido de su propia personalidad.

Finalmente, los maestros y maestras respaldadas por la gloriosa UNE, deben retomar su poder de organización y de reivindicación, no se puede olvidar que los derechos se defienden a partir de la movilización popular y del encuentro con otros sectores sociales.

sábado, 2 de septiembre de 2023

Maestros con la mirada puesta en el futuro de la sociedad (1)

"Nuestras luchas reivindicativas son el camino para abrir paso a la perspectiva de mejores días"

Ahora mismo no sé si con nostalgia o con coraje, recuerdo un diálogo que mantuve con compañeros docentes previo a una movilización convocada por el Frente Unitario de Trabajadores. Expuse la necesidad de volver a las calles para exigir el cumplimiento de derechos y conquistar nuevos, en particular los derechos de los docentes y la defensa de la educación pública.

Manifesté la necesidad de la unión de todos los trabajadores y el pueblo, para conseguir cambiar el fallido modelo neoliberal causante de la crisis general que agobia al pueblo ecuatoriano. También me mostré partidario de incrementar la participación de los obreros en esta lucha social, para derrotar a quienes hasta ahora se han turnado en el gobierno, demostrando de sobra su incapacidad para administrar el país en beneficio de las mayorías.

En realidad, no me sorprendí de la disonante respuesta que recibí. Uno de ellos sarcásticamente me preguntó: ¿si yo consideraba a los docentes como obreros? Les recordé: que todas las conquistas, han sido logradas con unidad y lucha, que nada nos ha sido regalado; que nos corresponde, a los pueblos y al magisterio progresista, oponer resistencia y exigir a quienes se rifan el gobierno, mayor inversión social, en educación y salud; y en especial para combatir la corrupción de cuello blanco, la criminalidad y el sicariato.

Añadí, que la movilización social es una forma fundamental para denunciar al neoliberalismo que debemos dejar la pasividad para pasar al debate de diversas formas que posibiliten frenar la ofensiva global que contra los sectores populares emprenden los grandes grupos empresariales, la banca chulquera, el multilateralismo, y la división impulsada por el capitalismo con la pretensión de asaltar las organizaciones de la sociedad civil.

Recuerdo ahora este episodio, porque me produce vergüenza la situación de conformismo que está viviendo buena parte del magisterio ecuatoriano, no se conduelen de ellos mismos, los gobiernos conculcan sus derechos y, lejos de movilizarse, exigen que la Unión Nacional de Educadores luche por ellos.

Lo que debería ser motivo para la unidad de acción frente a la desatención del gobierno y el ministerio de educación; se ha convertido en un lamentable ejercicio de excusas del profesorado, para justificar su falta de coraje personal y su escaso compromiso con la defensa de sus propios derechos; otros más descarados, argumentan que “no quieren complicarse la vida” por miedo a ser sancionados. En efecto, los últimos gobiernos, a más de descualificar la profesión docente, han sembrado el temor, hasta les han robado el sentido ético y solidario con la sociedad, así como el compromiso organizativo y de unidad gremial con la clase docente.

A los maestros y maestras unionistas, nadie nos quitará el sueño de seguir trabajando con la mirada puesta en el futuro de nuestros niños y jóvenes y, pensando en la educación liberadora como el principal instrumento de movilidad social y de encuentro con otros sectores populares para la construcción de la Patria Nueva.