viernes, 12 de junio de 2026

Política: del origen griego a la resistencia popular

La palabra política proviene de “el arte de las cosas de la ciudad”. Para los griegos, no era el negocio de unos pocos ni una profesión para enriquecerse, como con justa razón se critica hoy. Irónicamente, ahora la política suena a engaño y corrupción, en su origen significaba exactamente lo contrario: el deber de cuidar lo que nos pertenece a todos.

El filósofo Aristóteles decía que el ser humano es un “animal político”, que, a diferencia de otras especies, los humanos necesitamos organizarnos, debatir y tomar decisiones colectivas para alcanzar el bienestar común y la justicia social. Toda sociedad necesita leyes e instituciones para asegurar una convivencia armónica donde se respeten los derechos y deberes colectivos. Por eso, lo político no es ajeno a nadie; abarca la vida e ideas de cada ciudadano. En realidad, casi cualquier actividad humana tiene un trasfondo político y social.

En esencia, la política es la preocupación real por el bienestar colectivo. Nadie puede vivir al margen de ella, porque frente a la comunidad solo existen dos caminos: o nos comprometemos solidariamente con el bien común o nos encerramos en un individualismo puramente egoísta. Es imposible decir que la política no nos interesa; ignorarla es dejar que las élites decidan nuestro futuro.

Hoy vemos realidades opresivas que golpean al pueblo, asfixiando su economía mediante el encarecimiento de la vida y el abuso de precios que castiga a la clase trabajadora mientras protege las ganancias de los grandes grupos económicos. Ante la legítima organización popular, el poder responde persiguiendo y criminalizando dirigentes. Todo esto ocurre bajo un cerco mediático donde el gobierno y los sectores poderosos controlan los medios de información y las redes sociales para manipular la verdad, fragmentar las luchas y mantenernos desinformados.

Por eso, es hora de que los sectores populares despierten, se organicen en cada barrio, sindicato y comunidad, y asuman un rol protagónico en la construcción de su propio destino. Rompamos la apatía participando activamente en la vida política y respaldando con fuerza combativa a los candidatos surgidos de las bases auténticas del pueblo. Solo apoyando a lideresas y líderes que sientan el rigor del trabajo y que provengan de las entrañas de nuestras luchas colectivas, lograremos construir poder popular; caso contrario, los mismos de siempre mantendrán el negocio electoral y sus privilegios coloniales, dejando al pueblo marginado en el olvido.