jueves, 23 de abril de 2026

A propósito del día del idioma español: La palabra debe ser un grito de identidad

Que la palabra sea el fuego que mantenga encendida la memoria de nuestros pueblos y el arma de resistencia que desmonte las mentiras del opresor. Doseret

Celebrar el Día del Idioma no es rendir pleitesía a los bustos de Cervantes; es reconocer el instante en que la palabra nos permite ser comunidad. El lenguaje es nuestra “huella genética cultural”, el fuego donde se funde la memoria de los pueblos. Sin embargo, este 23 de abril nos encuentra en una encrucijada donde la palabra es asediada por quienes pretenden robarnos el sentido de la realidad.

 

El idioma español llegó a este continente como la lengua de la espada y la cruz. No fue un encuentro amable; fue una imposición que buscó asesinar el quichua y nuestras lenguas originarias, silenciando los saberes milenarios que habitan en la tierra. Pero no pudieron matarlo todo. En Ecuador, nuestra lengua es arcilla que resistió; el español se nutrió de la resistencia andina, convirtiéndose en una herramienta de lucha que aprendió a nombrar la injusticia con voz propia. No es solo la lengua de Castilla; es la soberanía de los excluidos.

Hoy, el idioma debe servir para leer e interpretar la actual crisis del Ecuador. No puede ser una estructura estática mientras las grandes mayorías son sometidas a la opresión de un sistema que privatiza la vida y criminaliza la pobreza. La lengua tiene que denunciar el hambre y la entrega de nuestros recursos, sirviendo como espejo de la lucha popular.

Asistimos con horror a la barbarización del lenguaje en manos de tiranos. El idioma de Trump y Netanyahu es escalofriante: utilizan términos como “defender la humanidad” para camuflar genocidios y masacres, asesinando la verdad de los pueblos antes de disparar misiles. El fascismo siempre gatea a través de la sintaxis; si la palabra no sirve a la ética, como advertía Saramago, se convierte en un monstruo que devora la libertad.

En este Día del Idioma, el desafío es convertir el lenguaje en un arma de combate contra el ruido de los opresores y la sumisión de los traidores. Que el testimonio de Eugenio Espejo, Miguel Riofrío, Pío Jaramillo Alvarado, Matilde Hidalgo Navarro, José de la Cuadra, Benjamín Carrión, Dávila Andrade, Gallegos Lara, entre otros, quienes, al leer y describir la realidad ecuatoriana, nos legaron la tarea de arrancar el significado de la verdad de las garras de la propaganda burguesa, porque si no nuestra historia seguirá escribiéndose con la tinta de los verdugos.