viernes, 20 de marzo de 2026

El Ecuador real se desangra mientras Noboa ofrece mano dura

“Si no se garantiza justicia social, educación y trabajo digno; el garrote no soluciona el hambre” Doseret

Ecuador está al límite. No es escasez de recursos, sino un abandono indolente lo que tiene a toda una generación en medio de la desesperación. Estamos en un punto crítico donde el desprecio estatal amenaza con destruir el futuro de nuestro país. Mientras desde las alturas del poder se intenta vender una narrativa de control y “firmeza”, en las calles esa imagen se hace pedazos. La vida cotidiana de nuestra gente está hoy marcada por un miedo que paraliza y una precariedad que asfixia.

La inseguridad en este país ya no es una fría estadística para debatir en foros; es el negocio del barrio que baja la persiana porque la extorsión le ganó la partida. Es el padre de familia que sale a trabajar sin saber si volverá, y el joven que ve en la violencia la única puerta de salida ante un Estado que le dio la espalda. La respuesta oficial, reducirlo todo a botas militares en las esquinas, es un parche de corto alcance. La paz no se decreta con fusiles si no hay pan en la mesa ni futuro en las aulas. Sin justicia social, el control es solo un garrote que no soluciona el hambre.

Nuestra economía popular se cae a pedazos. Comer bien se ha vuelto un lujo de élites mientras la canasta básica vuela por las nubes. Millones de ecuatorianos se baten a duelo diario en la informalidad, sobreviviendo a punta de rebuscas y resistencia. Pero cuidado: resistir no es un proyecto de país, es un síntoma de un sistema fallido que prefiere cumplir las recetas de los organismos financieros internacionales antes que llenar los estómagos de su gente.

¿Y qué decir de la salud y el campo? Hospitales convertidos en cáscaras vacías donde la vida depende de tener dinero para la farmacia privada, y agricultores que se parten el lomo para recibir migajas mientras los grandes acuerdos de escritorio amenazan nuestra soberanía.

Ya basta de gobernar para los indicadores y los aplausos de Trump. Detrás de cada porcentaje hay madres angustiadas y trabajadores que sostienen al país a puro pulmón y sin respaldo. Ecuador no necesita más discursos proselitistas; exige dignidad, empleo y una visión que ponga al ser humano sobre el capital. El país real exige respuestas y las exige ahora.