viernes, 2 de febrero de 2018

Una reforma que no pierda de vista la educación pública y laica.



Casi se ha convertido en una regla para los gobiernos de turno, probar reformas para mejorar la educación ecuatoriana, en algunos casos coordinadas desde el Ministerio de Educación e involucrando a diversos actores educativos, aunque siempre los objetivos planteados han quedado en ilusiones.
Hoy el ex Ministro de Educación condiciona dejar la presidencia de la Comisión de Educación de la Asamblea Nacional, si previamente se aprueban las reformas a la Ley de Educación Superior y la Ley de Educación Intercultural Bilingüe. Pareciera insólito, pero no lo es. El mismo asambleísta en el 2015, previo a un supuesto dialogo con una red de profesores fanáticos introdujo  reformas a la LOEI, ahora pretende nuevamente reformarlas.
Conscientes que la educación es la columna primordial para el progreso de los pueblos, los ecuatorianos debemos exigir al gobierno actual, una reforma educativa que sea trabajada por los más amplios sectores del quehacer educativo, involucrando al sector privado, pero sin perder de vista, que el horizonte principal, es la educación pública y laica; una educación emancipadora.
Los gobiernos de turno, incluido el actual, sometidos a las imposiciones neoliberales, utilizan la educación como una herramienta de sometimiento y no de desarrollo. Esto se explica por la permanente disminución y retraso en la entrega de los recursos correspondientes a la educación, consecuentemente tenemos, infraestructura de la educación pública en mal estado, incierta formación y actualización de los profesores; baja de la calidad de la educación en sus componentes científicos, filosóficos, literarios y éticos; precarización y desprestigio de la profesión docente; fraccionamiento de la organización magisterial como mecanismo de desintegración social y despolitizador de las demandas gremiales y populares.
Los ecuatorianos sabemos que en estos últimos años se llevó una reforma alejada de la educación para el trabajo y para la vida, fundamentada en valores éticos, morales, patrióticos, que elimine todo tipo de discriminaciones que todavía se dan en los planteles educativos. Es decir, de dejó de lado una reforma educativa que con el impulso de la ciencia y la tecnología, se constituya en una instrumento para emancipar a nuestro pueblo.
Lo cierto es que en el gobierno anterior como el actual, -que se jactan de la construcción de unidades del milenio-, la oferta educativa se privatizó al punto de convertirse en un negocio redondo desde los niveles parvularios hasta la educación superior, dejando prácticamente la educación pública en abandono.

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