viernes, 16 de febrero de 2018

Hambre y pobreza, males difíciles de superar

Hasta hace poco se nos mentalizó a los ecuatorianos que vivíamos una serie de cambios en los aspectos socioeconómicos, pero que no era una época de cambios sino un cambio de época, una administración revolucionaria para combatir la pobreza.
Y es que la pobreza es parte de la agenda de los gobiernos en todo el mundo. En el Ecuador, este mal social tiene profundos vínculos e implicaciones que agrandan la brecha económica desfavoreciendo a los más pobres y privilegiando a una minoría que disfruta de una posición predilecta a costa de la explotación y del engaño a las mayorías que cada vez ven más limitadas sus oportunidades de encontrar trabajo decente para brindar al menos alimentación adecuada y vivienda segura a su familia.
El presidente Moreno en reiteradas ocasiones nos habla del programa toda una vida. Sin embargo, sería mejor que empiece a demostrarnos cómo y cuándo emprenderá en acciones para la disminución de la desigualdad social. Como él mismo dice, es hora transitar o pasar de esta sociedad organizada sobre bases egoístas a otra sociedad asentada sobre firmes bases económicas, morales y espirituales, pero al fin y al cabo, en esa misma sociedad dentro del estado de bienestar que perpetúa las inequidades.
Si no entendemos que el hambre y la pobreza nos son fenómenos naturales sino fenómenos sociales producto de las débiles estructuras económicas, difícilmente se lograran cambios para combatir estos males. Es entonces urgente convencernos, gobierno y ciudadanos, que las caducas estructuras administrativas y económicas deben ser sustituidas por otras que promuevan una economía más igualitaria y equitativa para generar nuevas fuentes de trabajo para todos.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe reiteradamente señala que en los países del área andina es donde más se viven las desigualdades, y que por tanto es un desafío fundamental para los gobiernos de la región, trabajar en políticas para cambiar esta realidad.
El gobierno sostiene que son significativos los avances en la reducción de la pobreza, porque dizque se han aumentado los salarios de los ecuatorianos, sin embargo, no nos pueden hacer creer que el desarrollo económico y social va más allá de cuánto se incrementan los ingresos de los trabajadores; porque es obvio que en el Ecuador estamos aún lejos de alcanzar el pleno disfrute de derechos esenciales en salud educación, seguridad ciudadana, trabajo digno, entre otros, que definen el cacareado buen vivir.