viernes, 20 de junio de 2014

Desde Carondelet se pone en entredicho la construcción del “nuevo país y el buen vivir”.



Negar que el Gobierno del Presidente Rafael Correa haya generado cambios significativos en los campos socio político y económico sería una falacia. Puesto que, si bien no en la medida como lo haría un gobierno socialista como se autodenominan, si hay un cierto reordenamiento que ha reforzado la presencia estatal en  esferas en las cuales la oligarquía neoliberal tenía supremacía. Sin embargo, de ninguna manera se puede decir, que se trate de una transformación estructural como la esperada por los sectores populares, progresistas y de izquierda.
La palestra política y mediática internacional le recuerdan desde su participación en el gobierno interino de Alfredo Palacio y le reconocen como un gobernante antiimperialista que impulsó un cambio radical en el sistema económico, ganando cierta simpatía que supo aprovecharla en su posterior campaña de la “Revolución Ciudadana”, propuesta que “sigue ganando”, pero que en la práctica no cuenta con el apoyo de cuadros ideológicamente formados ni goza del respaldo de las organizaciones populares, que se supone son la base de un movimiento revolucionario y a las cuales por el contrario las combate.
Desde el exterior le identifican como aliado a la política antiimperialista de Raúl Castro, Nicolás Maduro, Evo Morales y Daniel Ortega quienes trabajan en beneficio de sus pueblos y de América Latina. Sin duda que con algunas exageraciones existe cierta afinidad con esos gobiernos. Sin embargo a nivel interno, las apreciaciones en cuanto a su posición son muy contradictorias. Mientras la derecha burguesa y fascista lo acusa de “dictador y promotor de políticas comunistas fracasadas”; buena parte de los sectores populares y de izquierda le tildan de haberse derechizado e incluso de haber traicionado el proyecto de la revolución ciudadana.
Lo cierto es, que debe buscarse consensos con los sectores populares y con la oposición progresista sin confundirse con las posiciones oportunistas y pequeño burguesas, que son quienes desde el propio Carondelet ponen en entredicho e impiden la transformación estructural del Estado y la construcción del “nuevo país y el buen vivir”.

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