viernes, 9 de diciembre de 2016

Luchadores sociales que defiendan los intereses de todo el pueblo


La campaña electoral hacia Carondelet está mostrando el cansancio del sistema capitalista. 
Por un lado el supuesto modelo exitoso correísta evidencia la incapacidad para detener la ascendente corrupción del grupo de manos limpias, limitándose a decir que la combaten, pero más a vender la figura del mashi para encantar a sus fanáticos.
Para la derecha la idea es, aprovechar la ley del vaivén electoral y de la decepción que la gente tiene contra la revolución correísta. La gente no quiere a la derecha, pero todavía el descontento contra la revolución ciudadana es más fuerte, que los obliga a creer en la teoría del mal menor.
Mientras que los sectores progresistas y de izquierda apuestan por una alternativa de cambio dentro del propio sistema, que empiece por la reorganización de los sectores populares y de los trabajadores en una especie de lucha generacional en la dirigencia, pero a la par que trate los temas nacionales, plantee también la solución de los problemas de clase.
El problema durante la “década ganada”, es que un grupo de mentes lucidas y pseudo revolucionarias, han cogobernado con la derecha y empresarios ligados a las transnacionales, manteniendo el sistema económico neoliberal instaurado por Febres Cordero y la banca usurera.
Los movimientos y partidos políticos ligados a la burguesía, una vez más, con otros membretes pero con las mismas palabras, dicen que el problema no es ideológico, que no es de izquierda o de derecha, sino de falta de fuentes de trabajo e irrespeto a los derechos fundamentales de las personas y de la naturaleza.
Sin embargo, precisamente el problema de la pobreza y violación de derechos, tiene que ver con la ideología, con el sistema económico que se defiende y a que clase se representa, ¿a los empresarios o a los trabajadores? ¿a dónde apuntan sus propuestas?. Si a defender a los sectores populares o a cuidar de los intereses de los empresarios, apuntando a la privatización de secciones claves de la economía nacional, a pesar de que se ha demostrado que las recetas neoliberales son las que han conducido al gobierno y al pueblo a una bancarrota propia de tiempos de guerra.
Lo cierto es que los trabajadores y los sectores populares necesitamos cambios de fondo, no de forma. Necesitamos un gobierno encabezado por trabajadores y luchadores sociales probados que defiendan los intereses de todo el pueblo.

sábado, 3 de diciembre de 2016

La libertad de expresión en la campaña electoral

La democracia burguesa nos ha impuesto la creencia de que las elecciones constituyen el aspecto más importante de la participación política y la vida democrática. Que la mejor forma que tienen los ciudadanos para expresar su opinión y para elegir a sus gobernantes, es el voto.
Sin embargo, es durante la campaña electoral y el día de las votaciones, cuando a las organizaciones sociales y populares se restringe la libertad de expresión y de información, que son precisamente los derechos básicos para garantizar la existencia misma de una sociedad democrática. Ese control que se ejerce desde el poder político y económico, impide la participación de la mayor cantidad de ciudadanos en la elección de sus gobernantes.
Es obligación de las organizaciones populares y de trabajadores, organizar debates públicos y facilitar la información necesaria para que sus integrantes y la población de los sectores marginados tengan la mayor cantidad de información posible sobre el panorama político, los candidatos y sus propuestas, y a partir de su análisis crítico puedan tomar decisiones de forma libre y razonada.
El análisis de las ofertas de campaña presidencial de los candidatos Moncayo, Laso, Moreno y otros, debe ser una herramienta básica para la formación de la opinión pública ciudadana, para la participación activa en el control social que exija la mayor transparencia y la fiscalización de la gestión de las futuras autoridades.
Es preciso que desde organizaciones como la Unión Nacional de Educadores y de los sindicatos, los docentes y los trabajadores puedan cuestionar e indagar sobre la capacidad y honestidad de los candidatos a asambleístas, así como discrepar y confrontar sus propuestas e ideas; solo así, se garantiza el ejercicio de los derechos políticos y la libertad de pensamiento y de expresión, y a la par se podrá votar responsablemente por quienes vayan a legislar a favor de nuestros derechos.
Los sectores populares no pueden perder de vista el papel que juegan las empresas encuestadoras. Aún está fresca en la memoria ciudadana, los resultados de las elecciones que postergaron la firma del acuerdo de paz en Colombia y la elección de Trump en Estados Unidos, donde los sondeos pronosticaban lo contrario.
Finalmente, hay que impedir que los políticos que contratan la realización de encuestas y se obsesionan por publicarlas cuando estas les favorecen, las usen como estrategia de controlar la opinión pública e influir indebidamente en los electores
.

sábado, 26 de noviembre de 2016

La lucha diaria debe elevarse al plano político



Se ha dado inicio oficialmente al proceso electoral en medio de un escenario político y económico deteriorado por una cadena de corruptelas que ha persistido a lo largo de la historia, por tanto, no es propiedad de este gobierno sino de todos los que se han turnado en Carondelet.
La campaña electoral no estará exenta de tensiones, porque los grupos de poder ya han delegado sus binomios para que desfilen afanados y probándose el traje presidencial, mostrando además todo tipo de argucias para hacerse del poder y rifarse la patria. 
Quizá pronto los sectores populares entiendan que hay que prepararse para enfrentar la prepotencia, la represión, la corrupción y la falta de trabajo. Para ello, el camino es la unidad y el análisis de la realidad sobre la base de la experiencia acumulada evitando enfrascarse en debates de bajo vuelo y no en los problemas reales que deterioran la calidad de vida de la mayoría de ecuatorianos. 
Aunque desde el oficialismo se diga lo contrario, los sectores populares han obtenido importantes avances en su afán de forjar la unidad y reconstruir la conciencia de clase de los trabajadores y más sectores sociales, priorizando la recuperación de los métodos tradicionales de lucha popular, para orientarse hacia las transformaciones de fondo y el cambio de la estructura política vigente. 
La conciencia política no puede seguir estando hipotecada a la burguesía ni al oficialismo de turno, es hora de aprovechar la instancia electoral para llevar adelante una participación electoral que, apoye y se comprometa incondicionalmente al servicio de las luchas que vayan a darse, para convertirse en los protagonistas que rechacen la actual farandulería política causante de la corrupción.
Los sectores populares deben fijar como su preocupación central, la idea de que son los actores de esa transformación social que vaya más allá de nombrar a un presidente como los Luigui, Dabu, Lemo, Cyvi o cualquier otro, y que se ubique desde el punto de vista de que, son los trabajadores los que deben gobernar y que para hacerlo deberá asumir que ninguna solución podrá venir desde afuera de sus luchas, esperando que alguien le traiga la solución a sus problemas. No se puede olvidar que históricamente eso se esperaba y que ahora la solución solo vendrá de su activa participación en la lucha diaria, elevándolas al plano político y fortaleciendo sus organizaciones de base.