lunes, 2 de agosto de 2010

La Masacre del 2 de Agosto de 1810


Un día resucitará la patria; pero los que fomentarán su aliento y los que tratarán de mantenerla con vida, sin duda no serán los que habiendo pasado las tres partes de sus años en pequeñeces, no están para aplicar sus facultades a estudios desconocidos y prolijos: serán esos muchachos que hoy frecuentan las escuelas con empeño y estudiosidad. En ellos renacerán las costumbres, las letras y ese fuego de amor patriótico, que constituye la esencia moral del cuerpo político.   Eugenio Espejo

Fue el 2 de Agosto de 1810. Poco antes (ocho días) de que se cumpla el primer año del intento libertario del 10 de Agosto de 1809, gestado por un grupo de patriotas que intentaron por vez primera lograr la independencia del pueblo quiteño de la dominación española que venía sojuzgándolos de manera implacable.
Los ideales libertarios de ese pro hombre americano protagonista de la independencia, Dr. Eugenio Francisco Xavier de Santa Cruz y Espejo, habían caído en el surco de una tierra fértil que termino dando el fruto de la ansiada libertad.
Esta acción sangrienta convirtió en mártires de nuestra libertad a un grupo de patriotas encabezados por Manuel Rodríguez; Juan de Dios Morales, Juan Salinas, José de Ascázubi, José Riofrío, Juan Pablo Arenas, Juan Larrea y otros, que según los cronistas llegaron a los 300, no prosperando la fatal cuenta gracias a la intermediación del obispo José Cuero y Caicedo, que logró finalmente detener la matanza.
Es un imperativo sensible para todos los que somos legatarios de este enorme sacrificio de los mártires del 2 de agosto de 1810, revivir con el pensamiento y la acción esta muestra grande de patriotismo, el sacrificio de estos héroes nos alienta e impulsa a luchar por un mejor bienestar social y económico, cultural y material para nuestros pueblos, enmendando los errores y buscando una solución mejor que esté a tono con las necesidades de los ciudadanos.
La traición de Ruíz de Castilla que provocó la ira justificada del pueblo en forma unánime nos recuerda que debemos servir con patriotismo, sin ambages y acomodos personales a nuestro pueblo y el esfuerzo de cada uno de nosotros por la grandeza de la Patria, nos hará vencer. Pues la traición solo merece desprecio, indiferencia y repudio a quienes la protagonizan con astucia, esto también sucederá con quienes nos engañan y traicionan hoy, como son los actuales asambleístas.