La realidad de Loja hoy no se mide en discursos oficiales, sino en el golpe seco de los neumáticos contra el asfalto destruido y en el silencio cómplice de un cabildo que parece gobernar de espaldas a la periferia. La gestión municipal ha transitado por un camino de abandono sistemático que hoy asfixia al cantón.
La infraestructura vial es el síntoma más visible de una desatención crónica. Mientras el Departamento de Obras Públicas exhibe una ejecución raquítica, los barrios periféricos y las parroquias rurales se hunden en el lodo y el olvido. A esto se suma una gestión marcada por la falta de transparencia, donde lo único "visible" son las sombras de la corrupción y una atención territorial profundamente desigual que privilegia el centro sobre la periferia.
La seguridad ciudadana ha claudicado. Los alrededores de mercados y plazas, antes espacios de encuentro, son hoy zonas de riesgo. Esta desidia se extiende al control del comercio informal; los domingos en el mercado Gran Colombia son una muestra de caos y falta de autoridad que avergüenza a la "Capital Musical". En medio de este desorden, los servicios básicos son otra decepción: cortes de agua potable, alcantarillado colapsado y una recolección de basura deficiente, todo esto mientras el ciudadano es castigado con un alza de impuestos y un incremento apresurado de 10 centavos al pasaje urbano sin un verdadero análisis técnico. Esta última medida, aprobada por una mayoría afín al empresariado, es una bofetada al pueblo que sigue soportando un servicio pésimo y rutas incompletas. Exceptuando el sistema de educación municipal, la ciudad se desmorona entre parques deteriorados y una atención nula a grupos vulnerables.
Aún seguidos pagando valores por la regeneración urbana, pero para revertir este declive, lo que realmente necesitamos, es una regeneración institucional, donde los ediles y administradores busquen una salida al caos vial y de servicios. El municipio debería apoyar a los Gad`s parroquiales creando unidades técnicas autónomas, dotándolas de maquinaria y personal para que el mantenimiento no dependa de la burocracia central.
Finalmente, los ediles deben trabajar en una Reforma Integral del Transporte y Comercio, que supedite cualquier alza de tarifas a indicadores de calidad auditables y que ofrezca mercados dignos para el comercio autónomo. Loja necesita una administración que entienda que gobernar es, ante todo, servir con honestidad y eficacia.