miércoles, 31 de diciembre de 2025

2025: Un Año lleno de corrupción, crisis y promesas rotas

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En Ecuador, la quema del “Año Viejo” simboliza la esperanza de dejar atrás lo malo. Sin embargo, cuando se apagan las llamas, la realidad vuelve a imponerse con crudeza: inseguridad, pobreza, desempleo y una profunda desconfianza en las instituciones. El problema no es la falta de esperanza del pueblo, sino la reiterada incapacidad del gobierno para responder a las necesidades sociales más urgentes.

Durante el 2025, el gobierno de Daniel Noboa demostró una alarmante desconexión con la realidad cotidiana de la mayoría de los ecuatorianos. Mientras hablaba de modernización y seguridad, en la práctica se consolidó un modelo que protege a las élites económicas, sacrificando los derechos colectivos. La violencia creció hasta ubicarnos entre los países más inseguros del mundo, sin que existan políticas integrales para enfrentar las causas estructurales del narcotráfico, la exclusión y la falta de oportunidades.

La economía familiar es otro reflejo del fracaso gubernamental. El empleo digno escasea, el trabajo informal se expande y los salarios ya no alcanzan para cubrir ni una parte significativa de la canasta básica. En lugar de fortalecer los servicios públicos, estos funcionan cada vez peor, alimentando la narrativa de que la privatización es la única salida. Salud y educación, derechos fundamentales, se convierten así en privilegios para quienes pueden pagarlos.

En educación persiste una cobertura desigual, con brechas urbano-rurales, infraestructura deteriorada y escasos recursos pedagógicos. La formación docente carece de actualización y estabilidad, afectando el aprendizaje. Continúan la deserción y el rezago escolar asociados a la pobreza. La educación superior enfrenta desfinanciamientos, que limitan el acceso en igualdad de oportunidades, la investigación, la innovación y el desarrollo nacional.

El Estado neoliberal, una vez más, ha renunciado a su responsabilidad social. El Año Nuevo llega con los mismos problemas de siempre: inseguridad, pobreza, desempleo y precariedad. El Año Nuevo no borra deudas ni cicatrices sociales; las traslada, incluso a crédito, para el 2026 y los años siguientes.

Pero el Año Nuevo también abre la posibilidad de organizarse, participar y exigir un rumbo distinto. Superar este modelo excluyente demanda unidad, conciencia crítica y una ciudadanía activa. Solo así se dejará de repetir la crisis para marcar, finalmente, un comienzo esperanzador.

Que el 2026 encuentre a las familias en armonía y al pueblo ecuatoriano unido, organizado y en pie de lucha para construir un proyecto emancipador que nazca de la conciencia popular.

jueves, 25 de diciembre de 2025

El Premio Nobel: Paz, ética y la lucha permanente contra la pobreza

  En fechas como la Navidad, cuando el discurso público se llena de palabras amables, conviene preguntarnos qué tan sinceros somos con la idea de paz y con la lucha real contra la pobreza. El Premio Nobel, tantas veces celebrado como símbolo de excelencia moral, no debería ser un ritual de aplausos entre élites, sino un espejo incómodo que nos obligue a mirar de frente nuestras contradicciones.

El Nobel de la Paz ha reconocido a personas y organizaciones que apostaron por los derechos humanos, el diálogo y la defensa de los sectores vulnerables. La paz no es un discurso abstracto; es una condición material. Sin paz no hay escuelas que funcionen, hospitales que resistan ni economías capaces de ofrecer oportunidades reales. Hablar de paz es hablar de trabajo y dignidad. Por eso, promover la paz es una forma profundamente política de combatir la pobreza.

Este espíritu también atraviesa a otros premios Nobel. La Medicina que mejora la salud pública, la Economía que cuestiona modelos injustos y la Ciencia que busca soluciones sostenibles demuestran que el conocimiento, cuando se orienta al bien común, puede ser una herramienta poderosa contra la exclusión. El problema surge cuando esos avances se desconectan de la realidad social y se ponen al servicio del mercado antes que de la humanidad.

Los grandes medios de comunicación, no son neutrales ni independientes. Responden a los intereses de las élites. Son la maquinaria que produce el engaño, fabrican titulares que ocultan las verdaderas causas de la pobreza y construyen culpables falsos para desviar la atención. Mientras tanto, celebran premios y gestos simbólicos que no cuestionan el sistema que reproduce la desigualdad.

El legado de Alfred Nobel, nacido en 1895, tenía la intención ética de premiar aportes que beneficiaran a la humanidad sin distinción. Sin embargo, la entrega del galardón a la señora Machado revela una pregunta de fondo: ¿puede hablarse de paz cuando ciertas estrategias políticas profundizan la confrontación o el sufrimiento de los pueblos? El Nobel no debería premiar solo narrativas, sino resultados concretos en favor de la reconciliación y el bienestar colectivo.

Hoy, el Premio Nobel sigue siendo un llamado ético a recordar que la paz es inseparable de la justicia social y que no podemos aceptar como destino natural aquello que es el resultado de un sistema diseñado para explotarnos.

viernes, 19 de diciembre de 2025

Navidad en medio de las desigualdades

   En el Ecuador de hoy, vivir se ha convertido en un acto de valentía. La inseguridad atraviesa la vida cotidiana como una sombra permanente, barrios dominados por el miedo, jóvenes empujados a elegir entre la migración forzada o la violencia. A esto se suma la falta de empleo digno, salarios que no alcanzan y un futuro cada vez más estrecho para millones de familias que a diario enfrentan la desesperanza.

Para muchas de ellas, incluso la Navidad se ha transformado en una utopía. Mientras algunos hablan de celebraciones y mesas llenas, otros apenas logran poner comida en el plato. La pobreza no solo quita lo material, también arrebata la posibilidad de compartir, de descansar, de soñar. En un país con abundantes recursos, la desigualdad convierte una fecha de unión en un recordatorio doloroso de las brechas sociales.

Frente a esta realidad, el gobierno camina de espaldas al pueblo. La consulta popular del 16 de noviembre dejó un mensaje claro: la ciudadanía dijo no a un proyecto que precariza más la vida, reduce derechos y pretende vender la sobrevivencia como progreso. Sin embargo, el terco inquilino de Carondelet insiste en imponer el mismo libreto, como si la derrota en las urnas no fuera una señal contundente.

Pero el pueblo no está hecho para resignarse. Cuando se nos pide conformarnos con el “mal menor”, crece la convicción de que no basta con sobrevivir. Vivir implica organizarnos, encontrarnos, hablar y escucharnos. Implica comprender que la diversidad nos fortalece. Cuando permitimos que las diferencias se usen para dividirnos, terminamos sirviendo a intereses ajenos y no a los nuestros.

Cuando la voluntad, la unidad y la solidaridad colectiva se pone en movimiento, renace la esperanza como herramienta para enfrentar un sistema capaz de producir hambre en un país rico en recursos. Hoy más que nunca necesitamos construir poder desde las bases, reconocer nuestra propia fuerza y luchar por educación, salud, salarios justos, empleo digno, seguridad sin militarización ciega, soberanía y democracia real.

Luchamos para que nuestros hijos no tengan que irse del país ni crecer entre balas, y también para que ninguna familia sienta que la dignidad o la Navidad son lujos inalcanzables. El Ecuador tiene memoria y una historia de luchas populares. Honrarla es protagonizar el presente, porque la felicidad no puede ser individual ni excluyente, es una causa para abrazarla todos.

Saludo Navideño al Magisterio por la Unidad y la Dignidad

    En estas festividades de Navidad y Año Nuevo, aprovecho la ocasión para enviar un saludo solidario y fraterno a las y los docentes activos y jubilados, así como a todo el pueblo que resiste con dignidad y esperanza.

Vivimos tiempos en los que cada día se nos empuja a sobrevivir con miedo y a aceptar el mal menor como destino. Pero sabemos que, en este llamado “Nuevo Ecuador”, sobrevivir solo tiene sentido si es luchando, organizándonos y defendiendo nuestros derechos colectivos.

Hoy es tiempo de alzar la voz y afirmar nuestra solidaridad, porque muchas voces juntas valen más que el silencio impuesto o el conformismo. Hoy es clave la unidad para no caer en la división que beneficia a quienes mandan y oprimen.

Que estos tiempos de reflexión reverdezcan la esperanza colectiva y el compromiso popular; que el 2026 nos encuentre más unidos, organizados y firmes frente a la arrogancia oligárquica y las políticas excluyentes.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Cuando los Derechos Humanos tienen dueño, el silencio también es violencia

  Cada 10 de diciembre se “celebra” el Día de los Derechos Humanos, pero en Ecuador esa fecha suena a discurso vacío más que a una auténtica conquista colectiva. ¿De qué derechos hablamos cuando conseguir una cita médica es una odisea, cuando en los hospitales falta hasta una gasa y cuando las escuelas públicas sobreviven con presupuestos recortados? ¿Qué igualdad podemos invocar en un país donde la mayoría vive de la informalidad, donde una casa digna es una utopía y donde salir a la calle es una apuesta diaria contra la violencia?

La realidad muestra que los derechos humanos funcionan mejor para proteger intereses empresariales o políticos, ahí sí aparecen comunicados urgentes, defensores influyentes y toda la institucionalidad. Pero cuando se trata del trabajador informal, de la madre que peregrina por atención médica, de los jóvenes sin futuro, de las comunidades indígenas abandonadas o criminalizadas, el Estado calla.

Esa indiferencia no es nueva. Desde las luchas por la independencia, pasando por la Revolución Liberal de Alfaro, que abrió las puertas al laicismo, la educación pública y algunas libertades que hoy tenemos, han sido fruto de la organización popular. Luego vino el movimiento obrero, los gremios, las huelgas que reclamaron justicia social. Más tarde, el levantamiento indígena empujó al país hacia el reconocimiento como Estado plurinacional y los derechos de la naturaleza en la Constitución de 2008, una conquista nacida desde abajo.

Sin embargo, mientras los derechos avanzan en el papel, retroceden en la vida real. El gobierno actual criminaliza la protesta, justifica el uso abusivo de la fuerza y revive debates superados por la historia. El paro indígena lo evidenció con detenciones arbitrarias, represión indiscriminada, asesinatos y discursos que deshumanizaron a todo un movimiento. Y esa violencia institucional no es aislada: el caso de los Cuatro de las Malvinas, menores ejecutados extrajudicialmente por una patrulla militar en Guayaquil en 2024, sigue recordando que la impunidad también oficializa la negación de derechos.

Mientras el país lidia con sus heridas, el mundo también normaliza violaciones brutales. Basta ver Palestina para entender que la ONU condena, pero no detiene masacres. Tampoco sorprende que el gobierno calle ante la amenaza de invasión al pueblo venezolano. Por eso, es urgente que el Ecuador recupere una voz digna. porque el silencio a más de cómplice, es otra forma de violencia.

viernes, 5 de diciembre de 2025

Una proforma fiscal que no responde a las necesidades reales del pueblo sino a las recetas del FMI

Como docente he vivido de cerca las tensiones presupuestarias de los últimos años, miro con profunda preocupación la aprobación del Presupuesto General del Estado 2026 y, especialmente, la pésima ejecución del presupuesto 2025. Lo que debería ser una hoja de ruta para fortalecer la educación pública, se ha vuelto un espejo que revela una gestión que se aleja de las necesidades del pueblo.

En 2025 se asignaron más de siete mil millones para educación, pero el Gobierno ejecutó apenas un 52 %, cifra que evidencia negligencia y falta de planificación. Ese subejercicio deja aulas sin mantenimiento, textos sin imprimir y docentes sin reconocimiento salarial. Mientras tanto, para el pago de la deuda externa sí se ejecutó más del 76 %, dejando claro que la sumisión al FMI es prioritaria, aun a costa de sacrificar el futuro de millones de estudiantes.

Que en el 2026 el presupuesto educativo se disminuya ya no sorprende, pues cada año sucede lo mismo. Pero si preocupa que ahora la proforma no contemple los recursos para cumplir la Transitoria Trigésima Tercera, afectando por tercer año consecutivo a más de catorce mil docentes y tampoco garantiza la tan esperada equiparación salarial para miles de maestros que aún esperan justicia.

La ausencia de fondos específicos para la adquisición y actualización de textos escolares anticipa retrasos que, no solo afectarán el normal desarrollo del año lectivo, sino que también limita la calidad de los procesos de enseñanza y aprendizaje en todos los niveles. En materia de infraestructura educativa, la escasa y deficiente planificación revelan que se proyecta intervenir apenas el 10% de las instituciones que se encuentran en mal estado, cifra que no responde a la magnitud del problema que enfrentan miles de estudiantes y docentes.

A ello se suma la reducción de ciento veintiocho millones de dólares destinada a diecinueve universidades públicas, recorte que implica menos investigación, contratación de docentes y menos oportunidades de acceso para los jóvenes. Solo en 2025, más de cien mil estudiantes quedaron al borde del pantano social debido a que estas limitaciones les impidió el ingreso a la universidad. En la UNL, el recorte bordea los seis millones de dólares; no obstante, duele aún más la actitud de los tres estamentos universitarios, que pese al profundo impacto que esta situación genera en toda su comunidad académica, guardan silencio.