lunes, 30 de mayo de 2011

La Educación de la Resistencia y de la Creación; de la Insurrección y de la Emancipación

En el afán de contribuir desde mi práctica como educador, también desde la conspiración que va uniendo la rebeldía popular en nuestro país, que ya no sueña sino que lucha por hacer realidad el eslogan de “la educación es el pilar fundamental de los pueblos”.
No podemos olvidar que la conquista, la colonización y la criollización como un referente capitalista injusto y deshumanizante, aún siguen en la idea de destruir nuestro imaginario social y cultural, de controlar nuestras tierras, nuestros pueblos e incluso nuestras vidas.
Cobra actualidad la educación para la emancipación que Paulo Freire nos propone defender diariamente, como parte de la “batalla cultural por la descolonización de nuestros pueblos, en contra de la opresión a la que nos sometió la expansión violenta del capitalismo europeo, que aplastó nuestras culturas e identidades ancestrales a pretexto de ayuda y colaboración para el desarrollo, es decir a su idea mercantil y privatista para la dependencia”.
La educación que Freire nos propone, es de la resistencia y de la creación, de la insurrección y de la emancipación frente al poder neocolonial, que en el empeño de la dependencia y el control de nuestros pueblos aún nos impone incluso los términos de qué sentir, qué desear, qué creer, que hacer.
Freire nos propone una educación liberadora que combata los diferentes modos de deshumanizarnos, de volvernos hombres y mujeres funcionales a su dominación: consumistas, competitivos, egoístas, individualistas, que solo tratan de echar abajo la unidad popular, la solidaridad clasista, las identidades que nos permiten reconocernos en pueblos.
Mientras el Estado nos habla de la “revolución educativa” los educadores comprometidos con la educación pública proponemos la “educación para la emancipación”, como condición para una vida digna. Para unos y otros el reto actual es, el legado de Ernesto Guevara, el de crear “hombres nuevos y nuevas mujeres, que sólo pueden formarse y transformarse colectivamente, imaginando el cambio social para luchar por él” desde la escuela.
Para ello nos hace falta un Proyecto Educativo Nacional, estratégico, integral, emancipador y esencialmente humano, que promueva la igualdad de oportunidades para todos, sin privilegios ni discriminaciones, que ofrezca nuevas oportunidades a la niñez y juventud se forme y aprenda de manera consciente involucrándose en la solución de los problemas nacionales, en la defensa de la democracia, de la naturaleza y de la soberanía nacional y que además involucre a la escuela con la práctica social y la investigación científica.
El gobierno de la “revolución ciudadana” debe entender que no se trata de criminalizar la lucha popular ni la pobreza para reducirla al enfrentamiento entre un modelo político económico y otro, entre un programa partidario y otro -mucho menos entre pueblo y pueblo-, sino de la diaria pugna popular entre la esperanza y el miedo, entre la humillación y la libertad.
Tienen vigencia las palabras de José Carlos Mariátegui cuando dice que “el mito tiene su propio lugar en la lucha revolucionaria”, pues el Gobierno de Rafael Correa que acaba de comprobar el descenso de su popularidad, lejos de rodearse de técnicos (obviamente políticos) en los ministerios, insiste en el reciclase desde la derecha y el populismo, nombrando a “personajes” como “Las manos del Ecuador”, estancando su “revolución ciudadana” y postergando los sueños de la gente por mejorar la educación, la salud, la vivienda,  en fin los sueños del pueblo a gozar de una vida digna.
Por nuestra parte, los maestros progresistas, enredados en el amor a la Patria y al pueblo, seguiremos trabajando hacia una educación emancipadora como auténtica práctica para la creación de “hombres nuevos y nuevas mujeres”.

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