viernes, 6 de marzo de 2026

8 de Marzo, más allá de las rosas, justicia real para la mujer

“Quien no se mueve no siente las cadenas” Rosa Luxemburgo

El 8 de marzo en Ecuador ya no es un día de celebraciones superficiales. Las mujeres exigen menos discursos demagógicos y más compromiso real. Aunque abundan rosas, la vida cotidiana dista mucho de un jardín: es un terreno de resistencia donde la "utopía emancipadora" choca con la precariedad laboral, la brecha salarial y la falta de oportunidades dignas. El Estado, muchas veces ausente, deja a las mujeres frente a sistemas educativos y de salud deteriorados, obligándolas a sostener hogares y comunidades en condiciones extremas. Todo esto ocurre bajo la sombra de una inseguridad que ha transformado nuestras calles en espacios de vulnerabilidad, donde la supervivencia se vuelve el primer acto de rebeldía.

 

Históricamente, las mujeres han sostenido “la mitad del cielo”. Desde la huelga de Petrogrado en 1917 hasta las luchas campesinas locales, ellas han sido motor de cambios profundos. En Ecuador, caminamos sobre los hombros de gigantes: la audacia de Manuela Sáenz y la organización de Manuela Cañizares en la Independencia, la apertura democrática de Matilde Hidalgo y la resistencia incansable de Dolores Cacuango y Tránsito Amaguaña desde el páramo. Sin embargo, recordar esta figuras también nos confronta: ¿qué dirían ellas, cuando el femicidio sigue cobrando vidas y la justicia parece un privilegio lejano? No puedo omitir a Pacha Terán, quien enfrenta represión estatal, por liderar la resistencia indígena, visibilizar a las mujeres rurales y, defender los territorios con valentía.

Hoy, la lucha femenina no es solo simbólica; tiene una dimensión de clase ineludible. No basta ocupar espacios tradicionalmente masculinos, se trata de transformarlos. La participación en política y economía debe ser herramienta para diseñar estrategias que reduzcan la explotación de las mujeres más vulnerables. Solo así se puede saldar la deuda histórica con quienes enfrentan las peores condiciones sociales y laborales.

Este 8 de marzo honramos a nuestras ancestras con acciones concretas, no poesía vacía. Exigimos caminar libres, trabajar con justicia y vivir dignamente, rompiendo paradigmas y obligando al Estado y la sociedad a asumir responsabilidades. La emancipación de la mujer ama de casa, obrera, estudiante, empleada, madre soltera, depende de la solidaridad, la lucha colectiva y la transformación profunda de la sociedad, donde trabajo y riqueza sirvan a la vida, no a la ganancia. La lucha sigue firme hasta que la justicia sea real para ellas y para todo el pueblo.