domingo, 1 de diciembre de 2013

La agresión escolar o bullying: ¿qué hacer…?



(parte 3)
Es un hecho innegable que las diferentes formas de agresión escolar o bullying se presentan como un modelo de relación de la sociedad, que trasciende a la escuela pasando también por la familia, al parecer porque escuela y familia perdieron la autoridad del ejemplo y de la palabra, para que la práctica de los valores sea la estrategia primordial en la solución de conflictos y en la construcción de una sociedad solidaria y fraterna.
Padres de familia y docentes que no han sido formados ni preparados se preguntan ¿qué hacer? para prevenir o evitar que la agresión escolar que cada vez se inicia a edades más tempranas y con mucha más fuerza, no siga creciendo. Docentes, padres y madres de familia se quejan mutuamente de que la niñez y adolescencia son exageradamente consentidas acá y allá.
Lo cierto es, que los y las estudiantes que sufren el denominado bullying, no solamente que no pueden aprender en un ambiente favorable, sino que tampoco pueden llevar una vida normal, tornándose en un problema al que todos debemos afrontar responsablemente.
Una primera sugerencia a los docentes, nace de estudios psicopedagógicos que afirman que las estrategias de enseñanza, la experiencia, la dinámica y exigencia para la presentación de tareas, la manera de promover la convivencia en el aula; es decir, “el estilo educativo del docente influye decisivamente en lo relativo a guardar una disciplina mínima en el aula”, esto nos obliga a una actualización y cambio de actitud permanentes.
Consecuente con la anterior, brota una segunda sugerencia a las autoridades institucionales y distritales de educación. Aunque “el hábito no hace al monje”, no es recomendable encargar un grado o curso de los que llamamos “difíciles” a un profesor “novato”, pues la experiencia y la experticia son avales que proporcionan modos y formas para lograr actuaciones más adecuadas en situaciones conflictivas.La experiencia es un valor que hay que rescatar” nos comenta el pedagogo argentino Fernando Osorio.
Una tercera y quizá las más importante sugerencia emana de los principios de educación en valores y al enfoque de derechos establecidos en la Ley Orgánica de Educación Intercultural. Los docentes tenemos que esforzamos en enseñar a vivir los derechos y deberes estudiantiles, a asumir sus compromisos personales y sociales, a mejorar sus relaciones interpersonales y a responsabilizarse por las consecuencias de sus actos. Así estaremos haciendo prevención de diferentes problemas concernientes a la presencia de la agresión escolar o bullying; y a la vez estaremos contribuyendo al desarrollo de la autoestima, la práctica de valores, las habilidades sociales. Consecuentemente, las medidas punitivas y sancionadoras contempladas en normas legales, pasarán a ser un requerimiento extremo.
Una cuarta sugerencia la hace Ramón Fabelo de nacionalidad cubana. “Los docentes tienen que romper con la conspiración del silencio que suele establecerse en torno a la agresión escolar, en la que tanto las víctimas como los estudiantes que la observan parecen aliarse con los agresores al no denunciar las situaciones de bullying”. Obviamente los docentes y los departamentos de consejería escolar tienen que motivar y ayudar a los estudiantes a desenmascarar a los agresores, a no tolerar más las situaciones injustas, a que denuncien cualquier agresión que sufran u observen. Los estudiantes perderán el miedo si tienen la seguridad de este apoyo. Los estudiantes, recobrarán su confianza, si saben que al denunciar a los agresores, están defendiendo la igualdad de oportunidades y creando un ambiente favorable para su formación integral. Pues, si todos denuncian, nadie podrá reaccionar contra ellos.
Claro está, que “Ningún niño nace tímido, agresivo o socialmente hábil para aprovecharse de ello”. Es la influencia familiar, el entorno del vecindario, el ambiente escolar, las normas y los valores que se le inculcan, los que van cotidianamente configurando su comportamiento escolar y social y su futura personalidad.
Finalmente, si todos buscamos estrategias de prevención en común, estaremos potenciando aquellos valores que tienen que ver con la formación de ciudadanos y ciudadanas críticas que participen activamente en la construcción de una sociedad más solidaria, equitativa y favorable para el buen vivir.

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